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¿Qué necesitas, Patria mía?

El Salvador requiere, primero que nada, que se le ame profundamente. Esto significa que seamos capaces de sentir en lo más profundo de nuestro ser, cada dolor y daño cívico. Que nos duela profundamente observar a personas que se supone que conducen nuestros destinos, enfrascados en una “guerra de escarnios y jugadas ingeniosas”, donde cual personas sin capacidad mental, se dedican a lanzarse insultos, a buscar faltas cometidas para hacer luego traslados de culpabilidades o escudarse “en lo hecho por los otros para justificar que lo hagamos nosotros”.
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Esta Patria mía y de todos los que hemos tenido la dicha de haber nacido en el suelo bendito de El Salvador, que lleva el nombre del Redentor que nos salvó, “el único Varón de América”, el que no se doblega ante las adversidades de la naturaleza y cual Ave Fénix resurge de sus cenizas, merece que le brindemos nuestros mejores esfuerzos para sacarla de la sima en que se encuentra social, política, económica y moralmente.

Necesita que se depongan las actitudes partidarias, que unamos esfuerzos en lograr consensos en la parte fiscal, económica, social, jurídica y previsional. No necesitamos que se cacaree después quién propuso tal o cual solución; solo pedimos una solución real y sostenible, que tenga visión de al menos 10 años adelante.

Por la vecindad de las elecciones de alcaldes y diputados, políticamente ya hay labor de zapa haciendo crecer el rumor que “no vale la pena votar pues no se cambiará nada”. Falso. El abstencionismo electoral es el peor error que puede cometerse porque es dejar que los que sí votan decidan los destinos de nuestro país, aun si no coinciden con nuestras ideas. Tenemos obligación moral y constitucional de emitir el voto.

Como ciudadanos, debemos exigir a las autoridades electorales correspondientes que verifiquen el cumplimiento de los requisitos plasmados en el artículo 126 de nuestra Constitución: Para ser elegido diputado se requiere ser mayor de veinticinco años, salvadoreño por nacimiento, hijo de padre o madre salvadoreño, de notoria honradez e instrucción y no haber perdido los derechos de ciudadano en los cinco años anteriores a la elección. Subrayo y resalto los dos requisitos que parecen olvidarse siempre. Los partidos políticos, por decencia y por honor (¿?), no debieran presentar candidatos que claramente no cumplan esos requisitos básicos por no poder atestar su instrucción notoria o estar cuestionados en su honestidad personal o en sus funciones públicas anteriores. Para ello no debe importar que aún no se les haya demostrado los cuestionamientos, pues ya hemos tenido diputados llevados a juicio por diversos delitos, condenados hasta en el exterior y que nos exhiben ante la faz del mundo como un país corrupto en todos los niveles. También creo pertinente que en el caso de los electos como diputados suplentes, solamente puedan suplir al diputado titular correspondiente y no servir de comodín para ser llamado a suplir otras ausencias.

Sirvamos a la patria con campañas cívicas y no circos romanos.
 

Tags:

  • patria
  • unidad
  • dialogo
  • cambio

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