Que no cunda el pánico

Yo no me imagino a David Reyes o Sigifredo Ochoa vendiéndose como otros lo han hecho. No me los imagino apoyando ingenuamente a quienes se valen de la democracia para destruirla.
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Que no cunda el pánico

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Los diputados Reyes y Ochoa Pérez, ambos de ARENA, no pudieron haber escogido peor momento para hacer pública su declaración de independencia. Además se quedaron cortos al explicar su posición, dando pie a muchas especulaciones. Pero de ahí a que estén en el negocio de compraventa de voluntades hay una gran distancia.<p>No conozco personalmente a estos señores y no pretendo saber lo que pasa por su mente, pero tampoco tengo razones para pensar que sus recientes actuaciones o sus declaraciones a la prensa los pongan en la misma jugada de corruptelas en las que se han visto involucrados varios de sus colegas. Mientras ellos no demuestren lo contrario, merecen al menos el beneficio de la duda, si es que no un elogio por proponerse actuar como debieran hacerlo todos los legisladores.</p><p>Lo que han dicho es simplemente que no se sienten obligados a seguir siempre la línea partidaria. Han dicho que votarán conforme los dictados de su conciencia y que se deben más a los electores que al partido. Sin duda, están rompiendo esquemas y arraigadas tradiciones; están situándose al margen de lo que siempre se ha entendido por disciplina partidaria; están contribuyendo a generar incertidumbre y obligando a replantear los manejos internos de su fracción legislativa. Pero nada de eso es en sí mismo positivo o necesariamente negativo.</p><p>El problema más inmediato tiene que ver con percepciones e interpretaciones de la conducta. Los diputados dijeron lo que dijeron en un momento en que abundan los rumores sobre una nueva embestida externa para socavar la fuerza legislativa de ARENA. Debieron saber que el contexto político siempre es fuente de significaciones. Si su intención no es abandonar a su partido o, peor aún, sumarse al bloque oficialista, debieron haber afirmado más persuasivamente su expectativa de que sean excepcionales las ocasiones que les exijan votar de manera diferente o contraria al voto de su fracción.</p><p>Los diputados Reyes y Ochoa Pérez abordaron superficialmente un tema muy delicado y se equivocaron en la selección de la palabra que mejor expresa su posición. Asumiendo que son honestos, no es independencia lo que deben proclamar, ya que fueron electos como candidatos de un partido y eso los compromete a trabajar, hasta donde sea realmente posible, dentro de ese partido. Una cosa es la libertad de pensamiento y otra muy diferente es la independencia partidaria.</p><p>El trabajo legislativo es un esfuerzo colectivo, por momentos confluencia y por momentos confrontación de ideas, intereses y voluntades. Cuando uno es parte de algo más grande, debe saber pelear para influenciar el resultado, pero debe también tener disposición para aceptar el consenso de la mayoría, a pesar de las dudas u objeciones que uno pueda tener.</p><p>Es enteramente legítimo invocar principios para separarse de una decisión colectiva cuando efectivamente se da un conflicto de principios o valores no negociables. Pero hay que saber discernir en cada caso si es eso lo que está realmente en juego o si las diferencias son de otra índole.</p><p>Ningún diputado debiera alzar la mano para aprobar leyes contrarias al bien común o leyes que socavan los cimientos del régimen de libertades o leyes que contravienen preceptos constitucionales. Esos son principios que justifican plenamente separarse de una línea partidaria. Ningún diputado debe votar anteponiendo intereses partidarios o personales a las aspiraciones de la mayoría de ciudadanos. Ningún diputado está obligado a contrariar sus principios morales. Pero casi todo lo demás cae en otra categoría. Las divergencias ideológicas o tácticas deben manejarse con una buena práctica de franco debate y con un genuino espíritu de cuerpo partidario.</p><p>Yo no me imagino a David Reyes o Sigifredo Ochoa vendiéndose como otros lo han hecho. No me los imagino apoyando ingenuamente a quienes se valen de la democracia para destruirla, como otros lo han hecho y siguen haciéndolo. Lo que sí puede ocurrir es que estos diputados y muchos otros, en ARENA y en los demás partidos, se sientan marginados y se vean tentados a adoptar posiciones de rebeldía por mera frustración y por capricho. Eso no se vale.</p><p>Los diputados deben actuar con madurez, ética y responsabilidad. Los partidos deben promover más y mejor comunicación para evitar conflictos innecesarios.</p><p>&nbsp;</p>

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