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Que rindan cuentas adecuadamente

La frase “Rendición de Cuentas” claramente indica la acción por la cual una persona o entidad presenta el informe de lo efectuado en relación con los gastos y los resultados que con ello han logrado, ante sus mandantes o superiores jerárquicos, sometiéndolos al cuestionamiento que pudiesen hacerle, justificando las acciones o resultados que se le cuestionen para finalmente recibir la aprobación o no de lo expuesto y consecuentemente recibir los elogios o las sanciones merecidas según el caso.
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Por tanto, no es una simple lectura de números ni una simple enumeración de acciones como se estila en nuestros círculos oficiales. Desde la Presidencia de la República hasta las entidades autónomas y ministerios, llegan al recinto legislativo y ante el pleno de los diputados y en “sesión solemne”, leen –bien o mal leído– un documento que tiene la relación de lo que quieren hacer saber y que les deja “en buen predicado”; pero no se someten al escrutinio de los diputados de su propio partido o de los llamados de oposición (la cual actualmente es más de nombre que efectiva).

Nunca son cuestionados, por ejemplo, de por qué un préstamo de aproximadamente 8 millones de dólares, únicamente se ejecuta el 30 %; por qué carreteras recién inauguradas tienen baches, deslizamientos, hundimientos; para comprobarlo basta darse una vuelta por la Longitudinal del Norte (obra del FOMILENIO I con dinero de Estados Unidos de América y de los salvadoreños). Una obra que debiera ser de gran utilidad a la zona norte de nuestro país y que tiene muy poca circulación vehicular más los riesgos por el deterioro mencionado. ¿Quién pide cuentas y sanciona a los constructores y supervisores gubernamentales de la obra? ¿Qué ha sucedido con quienes han construido la calle y luego reparado las cárcavas en frente de SERTRACEN?

¿Quién responde de las deficiencias estructurales del Hospital Nacional de La Mujer Dra. María Isabel Rodríguez? ¿Son responsables los constructores y los supervisores de la obra? ¿Quién o quiénes responden de los gastos innecesarios y onerosos que ha efectuado la Asamblea Legislativa, la Corte de Cuentas de la República o el Órgano Ejecutivo en diversos rubros que van desde viajes, banquetes, construcciones, compra de objetos de arte? O el bacheo municipal de una obra por día y que dura 3 meses.

No hay cuestionamiento, quizás porque quienes debieran cuestionar tienen techo de vidrio o “cola pateada”. Pero ya es tiempo que la oposición, del color que sea, actúe racional y patrióticamente en estos y otros tantos casos más como los encubrimientos que vuelven cómplice de un homicidio culposo ni más ni menos que a Casa Presidencial y sus dependencias.

El cinismo que percibimos los ciudadanos de las actuaciones de los funcionarios ante las interrogantes lógicas se siente casi insoportable y si las expuestas no fueran situaciones tan serias, casi moverían a risa por lo ridículo que se tornan.

La población está cansada de que le tomen el pelo y la traten como discapacitada mental. Exijamos que rindan cuentas adecuadamente. Nuestra paciencia no significa que la ciudadanía consciente seguirá dormida. Cada vez es más intolerable y por tanto más factible que haya un despertar de conciencias que se convierta en la Primavera Salvadoreña.

La resistencia puede ser pasiva, ojalá, como nos han demostrado estadistas tales como Gandhi y Mandela, históricos líderes que liberaron a sus pueblos evitando derramamientos de sangre o como trágicamente ha sucedido en otras naciones, de forma cruenta y muchas veces cruel. Los gobernantes no deben olvidar que si la nefasta Cortina de Hierro se abrió para dar paso a la libertad, no hay límites infranqueables en el tinglado político mundial. Lo venimos advirtiendo desde hace varios meses: estamos sentados en un polvorín social cuya mecha encendida es cada vez más corta.

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  • rendición de cuentas
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