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¿Qué tan orgullosos estamos de ser salvadoreños?

Necesitamos sentirnos orgullosos de la clase de país que podemos llegar a ser.

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Tulio E. Magaña M.

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Los salvadoreños necesitamos sentirnos orgullosos de lo que somos. A pesar de que solemos escuchar expresiones que reflejan cierto "orgullo guanaco", también ha sido común escuchar expresiones como "solo en este país pasa eso", ante cualquier acontecimiento que nos desagrade o, al contrario, si vemos algo muy bueno, una expresión común suele ser "pareciera que estuviéramos en otro país", minusvalorando lo que tenemos.

En la cotidianidad prevalece una sensación de ser "los hermanos menores" de los otros países, de ser "los más pequeños entre los pequeños". Solemos encontrarnos con expresiones que podrían dar la impresión de que algunos hechos desagradables solo ocurren aquí o que en nuestro país se dan de forma más alarmante; como el congestionamiento en las calles, la indigencia, la deforestación, los baches, la basura, la contaminación de los ríos, la delincuencia, la corrupción. Nos hace falta asomar nuestra mirada a hechos y situaciones insospechadas que se dan en otras sociedades, incluso en algunas que nos deslumbran.

En muchos salvadoreños hay un fuerte sentimiento de amor a la patria, pero de eso a sentir orgullo por el país hay una gran diferencia. Y es que no ha sido fácil sentirse orgullosos de una nación en la que ha habido tantas muertes, en la que muchos compatriotas han preferido arriesgar su vida para salir en búsqueda de sueños; tampoco es fácil sentirse orgulloso de un país al que se le sigue asociando con inseguridad y delincuencia social o con corrupción e impunidad por parte de quienes ha dicho defender los intereses del pueblo.

Sin embargo, con mucha satisfacción percibimos el resurgir de un sentimiento de valía, de identificar y reconocer lo que somos y lo que valemos. Se comienza a respirar una atmósfera más optimista. La historia de El Salvador tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas, pero en conjunto es una gran historia, que vale la pena valorar. Es posible sentirnos orgullosos de nuestro pasado, de quienes hemos sido, pero sobre todo, necesitamos sentirnos orgullosos de la clase de país que podemos llegar a ser.

El salvadoreño es laborioso. Desde la madrugada se les puede verse en las calles colocando sus negocios, viajando a sus trabajos; un detalle que realmente no ocurre a tan tempranas horas del día en muchos otros países. El salvadoreño es resiliente, se levanta de las cenizas; es solidario: en momentos de tragedia puede verse cómo corre para ayudarse y apoyarse.

Adicionalmente, El Salvador no se compone únicamente de nuestras autoridades, nuestra historia, nuestro territorio... El Salvador somos nosotros; cada uno tiene la oportunidad de construir un país diferente con nuestros actos, tomando la responsabilidad de nuestra conciencia de la realidad, de buscar maneras de ayudar, de ser pacíficos, de hacer la diferencia, de pensar en "nosotros" como una comunidad. Pensamientos pesimistas o malinchistas no ayudan a construir ningún nacionalismo.

La historia nos ha demostrado que el cambio es posible con solo una persona comprometida con el bien común, como el caso de Nelson Mandela para Sudáfrica o M. Luther King para EUA. Si queremos un nuevo país, también los salvadoreños necesitamos abandonar las actitudes egoístas, personalistas, individualistas, pesimistas, machistas, aquellas que nos llevan a buscar únicamente el interés propio, para pensar y trabajar por el bienestar colectivo.

Tags:

  • salvadoreños
  • orgullo
  • amor a la patria
  • laborioso
  • cambio

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