Queremos vivir tranquilos

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Cuando se hace una indagación explicativa de las sensaciones predominantes en nuestro ambiente lo que primero sale a luz es la ausencia de tranquilidad para poder desarrollar las actividades cotidianas normales. Y aunque el término “intranquilidad” pueda parecer demasiado débil para caracterizar el sentimiento ciudadano prevaleciente, lo cierto es que los salvadoreños lo que más necesitamos es normalidad verdaderamente confiable y propicia. Como se sabe por acumulación de sabiduría vivida, las cosas no se valoran de veras hasta que ya no se tienen. En el pasado, había muchas falencias y muchas carencias en el los distintos ámbitos nacionales, pero el vivir diario podía desplegarse sin mayores trastornos y peligros. Yo de niño viví tanto en San Salvador como en la campiña de Apopa, y en ambos espacios se podía permanecer y transitar sin amenazas ni sobresaltos; y eso producía una libertad que entonces no se dimensionaba y que hoy se extraña con emoción entrañable. Por eso, en memoria profundamente sentida, me pregunto con todos ustedes: ¿Cómo podemos volver a aquellos entonces, en los que no había Internet pero sí había calles y caminos transitables sin miedo? Esto es lo que tendrían que respondernos los encargados de la seguridad nacional, en cualquiera de las expresiones de la misma. Digámoslo con todo el énfasis expresivo que sea pertinente: No podemos seguir así, y las consecuencias de que el actual estado de cosas se mantenga tendrían que cubrirlas y pagarlas todos aquéllos que se han hecho cargo de preservar la normalidad nacional. Queremos y necesitamos vivir tranquilos. Nada podría sustituir esa demanda fundamental.

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