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"¡Quien cierra los ojos al pasado, queda ciego para el presente!" Sobre nuestra cultura del recuerdo

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Bernd Finke

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Hoy hace 75 años, el 27 de enero de 1945, los soldados soviéticos liberaron el campo de la muerte de Auschwitz. Aquí los nazis asesinaron a más de un millón de personas entre 1940 y 1945. En total, el Holocausto –es decir, el genocidio nacionalsocialista de los judíos europeos– se cobró más de seis millones de víctimas. "Auschwitz" es el sinónimo del asesinato en masa de judíos, sintis y romaníes y otras personas perseguidas por los nazis. Auschwitz es una expresión de locura racial y la marca de Caín en la historia alemana. Desde 1996, cada 27 de enero, Alemania conmemora oficialmente a las víctimas del nacionalsocialismo. En toda Alemania y en las instituciones públicas alemanas en el extranjero, las banderas ondean hoy a media asta. En 2005, las Naciones Unidas proclamaron el 27 de enero como Día Internacional de la Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. Recientemente, LA PRENSA GRÁFICA también conmemoraba el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz con una página completa.

Setenta y cinco años después del final del Holocausto y de la Segunda Guerra Mundial, la generación de víctimas –así como la de los perpetradores– se está extinguiendo, y con ella las referencias personales a este más oscuro capítulo de la historia alemana. Solo quedan unos pocos sobrevivientes que pueden transmitir sus experiencias. Esto hace que sea aún más importante que las generaciones más jóvenes contribuyan a mantener vivo el recuerdo del Holocausto, para que Auschwitz no se repita.

Los nacionalsocialistas trataron de deshumanizar a los judíos y presentarlos como una raza inferior que no valía la pena sobrevivir. Lo que hace que el Holocausto sea tan horripilante no es solo el asesinato de los judíos planificado hasta el último detalle por parte del Estado. Lo que hace que el Holocausto sea tan horroroso es el hecho de que hubo tan poca gente que se resistió a la política racial nacionalsocialista. Las amplias masas apartaron la mirada con indiferencia o incluso aplaudieron cuando los judíos fueron transportados a los campos de concentración en los trenes de la muerte; algunos hicieron causa común con los perpetradores, muchos se beneficiaron de la expropiación de los judíos. En un mundo de colapso moral total, eran pocos los que tenían el coraje y la decencia de oponerse a la política racial nazi y correr en ayuda de los judíos perseguidos. Uno de ellos fue el salvadoreño José Arturo Castellanos.

Hay voces en Alemania que piden que se ponga fin al pasado de Alemania. Dicen: "El Holocausto fue hace casi 75 años. Eso fue hace mucho tiempo. ¿Qué tenemos que ver con esto hoy en día? No somos culpables de los crímenes de esa generación". Eso es cierto: Nadie tiene la culpa de los crímenes de sus antepasados. Pero tenemos la responsabilidad de que la historia no se repita. Y solo tendremos éxito si lo recordamos y aprendemos hoy las lecciones de ayer. Estas lecciones incluyen el reconocimiento de que uno de los dones y deberes más importantes de nuestra humanidad debería ser involucrarse cuando la dignidad y los derechos humanos fundamentales de nuestros semejantes sean pisoteados.

Recordar exige mucho de nuestra veracidad. Todos nosotros, culpables o no, viejos o jóvenes, debemos aceptar el pasado y asumir nuestra responsabilidad porque todos nos vemos afectados por las consecuencias de nuestra propia historia. Quien cierra los ojos al pasado, queda ciego para el presente. Quien no quiere recordar la deshumanización, se vuelve susceptible a nuevos peligros de contagio. Por eso se aplica lo siguiente: la memoria no debe terminar.

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