¿Quién gana?

Siempre gana la mejor estrategia. La evidente crisis territorial provoca interrogantes válidas para comprender el porqué de la crítica situación de inseguridad.
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El gobierno (¿?) lo sabe: El Salvador está tomado por las dos grandes pandillas en el campo y las ciudades, con “fronteras” autodesignadas e impunemente asesinando a quienes osan violarlas. Cada pandilla tiene estructuras de mando y subdivisiones simples pero eficientes para consolidar sus nefastos propósitos de dominio del Estado salvadoreño, a la vista de propios y extraños.

Ataques a diversos objetivos: policías, tropas, escolares (docentes y alumnos), industriales, empresarios, transportistas, comerciantes grandes, tiendas de barrios y colonias, vendedores ruteros, de pan, etcétera. Parece un sistema muy eficiente desde el punto de vista estratégico pues diversifican tanto los sectores a proteger que hace casi imposible su cobertura defensiva pero les maximiza la recolección de extorsiones. Así, niega la capacidad de las autoridades y, por elemental supervivencia, la comunidad termina sometiéndose a las órdenes de la delincuencia en las colonias y territorios que dominan por el terror, ya que la pena de muerte a la población está vigente.

Los cambios-rotaciones en el Gabinete de Seguridad en los últimos seis años no han dado resultados. Las mismas personas y sus ideas generarán siempre y con seguridad iguales resultados. Piden respeto a sus ideas ¿y los resultados?

¿Tienen las autoridades la capacidad y las estrategias para contrarrestar las de la delincuencia? ¿Por qué no las implementan? ¿Quién debe estructurarlas e implementarlas con eficiencia?

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