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¿Quién tiene más miedo?

Gracias a Dios, arribamos a 2017. Intercambiamos abrazos, oraciones, deseos de felicidad, paz, prosperidad, salud y trabajo haciendo gala del optimismo salvadoreño que siempre arropa sus miedos, dolores o problemas con el manto de la esperanza y la ilusión de despertarnos un día con la felicidad de haber iniciado las correcciones de rumbo por el bien de El Salvador.
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Tenemos problemas y casi sería una perogrullada enumerarlos, pero es válido, al menos de cara a las autoridades, puntear algunas áreas emblemáticas: 1) área social: la crisis en el sector de la salud, negada por las autoridades; carencia de empleos dignos; crisis del sector educativo en todos los niveles; agricultura en crisis; inseguridad medida por la enorme cantidad de homicidios, robos, hurtos, violaciones sexuales; atropellos a la civilidad por parte de las autoridades; manifestaciones y bloqueos de calles; luchas ciudadanos por agua potable; el caótico tráfico citadino.

2) Área judicial: dificultad para el funcionamiento del sistema y las instancias legales; ataques descarados a las autoridades como la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia; lenta y difícil depuración judicial; auditorías lentas en la Corte de Cuentas de la República; sin auditorías concurrentes en ministerios y alcaldías, desde el origen de los financiamientos y los cambios de diseños hasta el estudio del costo / beneficio obtenido.

3) Crisis fiscal con presupuestos falsos y desbalanceados, transferencias de fondos de unos rubros intocables a otros: impuesto a la telefonía y aparatos electrónicos entre otros; falta de transparencia en las finanzas de los partidos políticos...

Disculpen, caros lectores, por la disquisición del tema central propuesto en el título, pero es muy difícil para mí cerrar los ojos a tales situaciones. Porque me pregunto: ¿quién tiene más miedo? Lo primero que pienso es que los que más razones tenemos para tener miedo somos los ciudadanos comunes: tememos el alza indetenible del costo de la vida, a continuar con las carencias en las atenciones de la salud, el alza a los combustibles, a ser asaltados literalmente al exigirse dinero en las esquinas de las calles por los vendedores, malabaristas, ancianos y enfermos o limpiadores de vidrios, asaltantes y otros.

Tememos ser víctimas de un energúmeno que cambia la vida humana por un teléfono celular usado. ¿Quién podrá defendernos? Es que llama más a la reflexión el miedo manifiesto de la PNC a ser atacados por delincuentes, cercándose con parapetos y violando el libre tránsito de aquellas personas que nos jugamos la vida cada día al ir y regresar de nuestras labores.

El 2016 presentó una cifra de homicidios de más de 5,000 (no hay datos oficiales aún) y solamente 47 elementos policiales fallecidos. No es que ellos no importen, pero son menos de 3 % de los homicidios de los ciudadanos salvadoreños, ¿por qué tienen y demuestran tanto miedo? Salgan, ataquen a los delincuentes que ya saben quiénes son, dónde están y cómo se mueven; eliminen el problema para que ya no vivan con tanto miedo.

Tags:

  • optimismo
  • rumbo
  • sala constitucional
  • crisis fiscal

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