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¿Quieres curarte?

Jesús siempre nos dice esto a nosotros: ¿Quieres curarte? ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres mejorar tu vida? ¿Quieres sentirte pleno del Espíritu Santo?
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Columnista de LA PRENSA GRÁFICA “Creer en Jesús es tomar la vida tal como es e ir adelante con alegría, sin quejas, sin dejarse paralizar por el feo pecado de la pereza”, dijo el papa Francisco en una de sus homilías.

El Santo Evangelio se refiere al paralítico curado por Jesús. Un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, que yacía en el borde de una piscina en Jerusalén, llamada en hebreo Betzaeta, con cinco pórticos, debajo de los cuales había un gran número de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.

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Y se decía que, cuando descendía un ángel y se agitaban las aguas, los primeros que se sumergían quedaban curados. A la vez que Jesús, al ver a este hombre, le pregunta: “¿Quieres curarte?”

Jesús siempre nos dice esto a nosotros: ¿Quieres curarte? ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres mejorar tu vida? ¿Quieres sentirte pleno del Espíritu Santo? ¿Quieres curarte?, esa palabra de Jesús... Todos los demás que estaban allí, enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, habrían dicho: ‘¡Sí, Señor, sí!’

Le respondió a Jesús: ‘Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua se agita. En efecto, mientras estoy a punto de ir, otro desciende antes que yo’. La respuesta evidentemente es una queja.

Este hombre era como el árbol plantado a lo largo de los cursos de agua, del que habla un Salmo de la Sagrada Escritura: pero tenía las raíces secas y aquellas raíces no llegaban al agua, no podía tomar la salud del agua.

Esto se comprende por la actitud, las quejas y también tratando siempre de echar la culpa al otro: ‘Pero son los otros los que van antes que yo, yo soy una persona inútil aquí desde hace treinta y ocho años...’. Este es el pecado de la pereza.

Este hombre estaba enfermo no tanto por la parálisis, sino por la pereza, que es peor que tener el corazón tibio. Es vivir pero porque vivo y no tener ganas de ir adelante, no tener ganas de hacer algo en la vida, haber perdido la memoria de la alegría.

Este hombre ni siquiera de nombre conocía la alegría, la había perdido. Este es el pecado. Es una enfermedad. Pensó quizá: ‘Pero así estoy cómodo, me he acostumbrado... Pero la vida ha sido injusta conmigo...’. Y se trasluce el resentimiento, la amargura de aquel corazón. Jesús no le reprocha, pero le dice: “Levántate, toma tu camilla y camina”.

El paralítico se cura, pero como era sábado, los doctores de la Ley le dicen que no es lícito llevar la camilla y le preguntan quién lo ha curado en ese día: Va contra la Ley, no es de Dios aquel hombre.

Hoy el Señor nos dice a cada uno de nosotros: ‘Levántate, toma tu vida como sea, bella, mala, como sea, tómala, acude al Sacramento de la Confesión y ve adelante. No tengas miedo, ve adelante con tu camilla’. –‘Pero, Señor, no es el último modelo, es fea...’. ¡Pero ve adelante! Con aquella camilla fea, quizás, ¡pero ve adelante! Es tu vida, es tu alegría.

Pidamos ayuda a Nuestra Madre la Virgen Santísima, que nos conceda a ver al Señor en todo lo que hacemos a lo largo del día y así nos ganemos el Cielo.

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