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Quito, El Salvador y los nuevos 20 años

En 2015 el Gobierno de El Salvador difundió con mucho ánimo la formulación y futura implementación de la política nacional de vivienda y hábitat.
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Este fue un esfuerzo necesario para acercar acciones a la población más vulnerable en materia de derecho al hábitat. Sin embargo, en la práctica y desde la voz de las familias que conforman los asentamientos precarios, aún no se perciben cambios tangibles en la calidad de vida de estas.

Durante 2016, TECHO ha realizado, junto a voluntariado y pobladores, alrededor de diez caracterizaciones de asentamientos, tanto urbanos como rurales. Algunos de ellos, ubicados en municipios como Antiguo Cuscatlán y Santa Tecla.

Los resultados de estos informes muestran dimensiones como vivienda, empleo, ingresos, salud, entre otros, que se encuentran en una situación alejada de garantizar una vida digna. Por ejemplo, en la comunidad Altos del Matazano, en Santa Tecla, compuesta por treinta y siete familias, el ingreso promedio por hogar es $142.44 y $1.01 por persona. Esto se ubica por debajo de la línea de pobreza medida con relación a la canasta básica. Con política de vivienda y hábitat o sin ella, pobladores del lugar han esperado desde finales de los ochenta por respuestas a su situación de exclusión y pobreza.

La realidad que viven es similar a lo que hemos identificado en otros asentamientos y la única forma de poder generar cambios coherentes con la urgencia, en el corto y mediano plazo, es mediante la inclusión de los asentamientos en la agenda política. Esto implica que pasen a ser prioritarios en la agenda de los tomadores de decisión en el sistema político, como los gobiernos locales y el nacional. En este sentido, la Cumbre Mundial del Hábitat (HIII), organizada por las Naciones Unidas, y que se desarrolló en Quito, del 17 al 20 de octubre, constituye un espacio fundamental de compromiso para establecer la nueva agenda urbana que ha de implementarse en Latinoamérica y El Salvador.

En HIII, se estableció a nivel gubernamental el rumbo que deberíamos tomar en los próximos veinte años en materia de hábitat y derecho a la ciudad. Esto implica que nos encontramos a las puertas de lo que puede representar un hito para el futuro de los asentamientos vulnerables en El Salvador, que debe traducirse en la generación de ciudades inclusivas, garantes del respeto a los derechos humanos y diseñadas para todos, con especial énfasis en los grupos más afectados, como los que integran los asentamientos precarios.

TECHO El Salvador fue partícipe de dicha Cumbre como parte de la delegación oficial salvadoreña, con dos objetivos: el primero, ser testigo de la adopción de la nueva agenda urbana por parte de los actores políticos a fin de convertirse en un ente fiscalizador de estos en el país. También, ser articulador con estos mismos, para el cumplimiento de derechos humanos de familias en asentamientos precarios del país. El segundo, compartir el conocimiento y experiencia de trabajo institucional que tienen líderes de comunidades y el voluntariado en el trabajo conjunto en nuestro país.

Invitamos a la sociedad salvadoreña, para que busquemos la construcción de ciudades más justas, más humanas y sin situación de pobreza. Que la cumbre de Hábitat III sea el punto de partida para que en conjunto transformemos a El Salvador.

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  • vivienda
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