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Racional o emocional

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Este artículo parte de la siguiente hipótesis: hay un desprecio generalizado hacia los partidos y políticos tradicionales en El Salvador. Este fenómeno se refleja en la desconfianza existente en los altos funcionarios e instituciones públicas. Este sentir colectivo (desencanto y abatimiento) es fruto de la improvisación, corrupción y engaño de los gobiernos de turno, durante décadas.

Actualmente, el consumismo satura de anuncios publicitarios y trivialidades a los salvadoreños, quienes están llenos de miedos y traumas por la violencia e inseguridad. Este contexto contribuye a que incontables ciudadanos prefieran desconectarse de la realidad nacional y conectarse a la realidad virtual. Además, la zozobra en que viven los padres de familia y la baja calidad de los servicios e instituciones públicas favorecen el auge de posiciones antisistema y los debates ideológicos (enfoque emocional). En contraste, un número reducido de ciudadanos se interesan en propuestas y debates programáticos (enfoque racional).

Estas actitudes indican que el voto 2019 será influenciado más por aspectos emocionales que por elementos racionales. De ser así, pesará más el corazón que el cerebro y las subjetividades de los votantes definirán las presidenciales de 2019. Esta tendencia favorecería el “cambio” y haría que muchos compatriotas (asumiendo que no tienen nada que perder) estén dispuestos a votar por la opción que más se aleje de lo tradicional o que más se oponga al statu quo.

Consiguientemente, las organizaciones sociales y movimientos cívicos en pro de la democracia y la transparencia deberían aunar esfuerzos para luchar en contra del engaño (populismo) y el caos institucional (anarquía). La tarea es contribuir a que no le vuelvan a “dar atol con el dedo” o a “vender espejitos” al pueblo. Entre las acciones que coadyuvarían a que los electores votaran inteligentemente en 2019 están las siguientes.

1. Analizar la realidad nacional y ser consecuente con las necesidades básicas de la familia salvadoreña. Participa, actúa y defiende –constructivamente– tus derechos e intereses.


2. Respaldar la democracia y luchar en contra la corrupción. Cumple y ayuda a cumplir la Constitución y leyes de la República, y ejerce el derecho al voto.


3. Ayudar a solucionar problemas colectivos y cotidianos en el barrio, cantón, oficina, empresa e institución. Una acción positiva en esa dirección es practicando los valores de la tolerancia, el respeto y la solidaridad, y promoviendo la sana convivencia.


4. Escuchar, leer y discutir los planteamientos que hacen personas e instituciones de prestigio y trayectoria democrática. Contrasta las distintas opiniones, pregunta cómo y con qué recursos harán lo que prometen y evita a quienes promueven el odio entre salvadoreños.


5. Decir NO a las fantasías y retóricas ideológicas. Duda de aquellos dirigentes que descalifican a los que piensan diferente. Confía en quienes velan por la protección de la familia y de las personas durante todas las etapas de la vida humana.


Conclusión: la forma tradicional de hacer política en El Salvador se caracteriza por la oratoria, retórica y demagogia. El riesgo es que esa situación se repita en las elecciones presidenciales de 2019. El antídoto o correctivo es que los ciudadanos sean racionales: infórmate, piensa, discute, decide y actúa con certeza e inteligencia.
 

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