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Rasgos dominantes

El tenso clima político, la violencia delincuencial y la difícil situación socioeconómica nublan la vista de un alto porcentaje de conciudadanos. La Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2016 revela varios de los retos que tiene el país: (a) 61.7 % de la población vive en el área urbana, 63.7 % se concentra en cinco departamentos y la densidad poblacional en el AMSS es de 2,903 personas por km², (b) la escolaridad promedio es de 6.8 grados y el 54 % es menor de 30 años de edad; (c) 32.7 % de los hogares se encuentra en pobreza; (d) 359,670 jóvenes no estudian ni trabajan; y (e) 4 de cada 10 niños de 0 a 17 años viven sin alguno o sin ambos padres.
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Ante este complejo panorama, la ciudadanía debería preguntarse si la siguiente afirmación es verdadera: “la auto-destrucción es un apropiado calificativo para describir la actitud que tiene la sociedad salvadoreña”. ¿Tan grave es la situación? Sí, prueba de ello es que aun sabiendo que cada día será más difícil pasar la frontera y permanecer ilegalmente en EUA, incontables compatriotas le siguen dando la espalda a la realidad nacional. Por ello, este ensayo describe los rasgos dominantes de la vida nacional y sus perspectivas.

Rasgo 1. Dualidad. Por una parte, los dirigentes partidarios siguen enfocándose en ganar las próximas elecciones y por otra, la mayoría de coterráneos se dedica a llevar diariamente los alimentos al hogar. Hay dos ambientes: (i) políticos y candidatos esforzándose por atraer a nuevos votantes, y (ii) miles de connacionales luchando por conservar o conseguir un empleo.

Rasgo 2. Incongruencia. Los voceros del poder político prometen dialogar y llegar a un acuerdo de país. En contraste, las maquinarias partidarias se esfuerzan por penetrar, manipular u opacar las voces comunitarias, cívicas y sociales que están en contra de sus intereses electorales.

Rasgo 3. Cortoplacismo. Los gobernantes se aferran al poder público y se enfocan a superar dificultades inmediatas (apagando incendios). Es decir, faltan líderes que guíen y motiven a la ciudadanía a participar en la solución de problemas coyunturales y estructurales.

Rasgo 4. Terquedad. Los gobiernos de turno siguen tomando decisiones importantes sin discutirlas con la población afectada. Lo que usualmente realizan son simulacros, montajes o shows. El inconveniente es que cuando los gobernantes quieran debatir será demasiado tarde, ya que El Salvador está cerca del punto irreversible de descomposición social.

Rasgo 5. Esperanza. Crece el número de conciudadanos que piensan que la polarización ha sido una estratagema para mantener el statu quo y tienen una actitud positiva para sacar adelante al país. Urge, entonces, activar la participación ciudadana y afianzar la democracia.

Conclusión: los rasgos dominantes aquí descritos sugieren que los gobernantes que surgirán de las elecciones de 2018 y 2019 continuarán luchando por el control del aparato estatal y desatendiendo las causas determinantes de la inseguridad y el desempleo. Consiguientemente y dada la esperanza que genera la proactividad de un número creciente de conciudadanos, convendría que la sociedad civil liderara un debate nacional sobre (1) el riesgo de que la decadencia social e institucional (corrupción, crimen e impunidad) lleven a El Salvador a la anarquía y luego al autoritarismo, y (2) la viabilidad de rescatar el país por una vía democrática.
 

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  • violencia
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