Raúl Mijango y su Movimiento Revolucionario del Pueblo

La creación del Movimiento Revolucionario del Pueblo es un tercer intento de unificación de las pandillas, al cual debemos ver, primero, como factor de unificación de las pandillas –que presentan un frente común, ante las acciones del Gobierno– y segundo, como un factor de peso, para las próximas elecciones.
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El anuncio de Raúl Mijango de unificarlas bajo su movimiento que posiblemente convertirá en partido político les daría una plataforma sobre la cual podrían unificarse y actuar ilegítimamente dentro del sistema.

Recordemos que el acercamiento iniciado por Mauricio Funes y estimulado por el FMLN con fines electorales ha degenerado en una incontrolable vorágine y, actualmente, en vez de constituirse en fuerza manejable se han vuelto conscientes de su poder y esperan dominar al Estado, como fuerza extra sistema.

Raúl Mijango hace hoy un nuevo esfuerzo para unificar y representar a las pandillas: tal posición no solo le daría poder político, sino que abriría a él y a los otros gestores de la unificación la posibilidad de enriquecimiento. El primer intento de unificación lo hizo el padre Antonio Rodríguez Tercero, sacerdote Pasionista y muy cercano a la Teología de la Liberación –en su nueva forma–, esto fue en 2013.

Posiblemente sea hoy el momento que tiene más posibilidades de darse esa unificación. Quienes están promoviendo esta unión de delincuentes lo hacen con el interés de crear el mayor desgaste político posible, al FMLN, pues los actos de corrupción de sus altos dirigentes son vistos por los izquierdistas como una traición a la revolución a los ideales defendidos durante el pasado conflicto armado y además las pandillas gozan de su aprobación y comprensión, por considerarlas “víctimas natas del sistema capitalista”.

La creación de un “movimiento” es conforme a la estrategia utilizada en los años setenta, que permitía crear una fuerza, a la que se sumaban los “perseguidos”; hoy, se sumarían las pandillas. No necesitaría el movimiento ninguna forma de legalización: bastaría el reconocimiento social de su fuerza. Si este nuevo movimiento no da el resultado esperado, surgirá en el futuro otro y aún, otro más, hasta que se logren los objetivos deseados.

De muy seria preocupación es que, hasta la fecha, nadie del Gobierno ha advertido sobre la Sentencia de la Sala de lo Constitucional: se declara a las pandillas y a sus colaboradores, como terroristas.

El actuar político de las pandillas sería un peligro para la estabilidad nacional pues su fuerza no solo radica en su número, sino también en su capacidad de ejercer la fuerza mediante el uso de armas. Se ha visto que todo político busca aprovechar dicha fuerza, o evitar que la misma le perjudique. Por esta razón, debe verse a las pandillas, dentro del contexto político electoral, pues estamos en un punto de inflexión política: definiendo a los candidatos presidenciales para 2019, bajo cuyo manto participarán los candidatos a los concejos municipales y diputados de 2018.

Aunque públicamente, todos lo nieguen, sí ven a las pandillas como un recurso de “contingencia”, para ejercer fuerza sobre el contrario.

Las encuestas recientemente publicadas sitúan a Nayib Bukele como el candidato preferido de la izquierda y a Norman Quijano como el de la derecha. Utópica e ideal es esta comparación para ciertos grupos de izquierda, pues Bukele no representa todas las opciones de la izquierda, que pueden encabezar una contienda. Quijano, por su parte, tiene nulas posibilidades de ser candidato presidencial y muy pocas, de ascender a la presidencia del COENA.

Muy claro está que la población rechaza, cada vez más, a los políticos que, aunque lo nieguen públicamente, se han visto involucrados con las pandillas. También está claro que Bukele puede liderar al grupo de izquierda que no está en el poder y también, a la mayoría de las estructuras pandilleras, en vista de lo cual, es necesario que las autoridades hagan hincapié en la Sentencia de la Sala de lo Constitucional: las pandillas y quienes colaboran con ellas son terroristas.

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