Realidades de nuestro desarrollo democrático

Ubicar nuestra posición ideológica dentro del espectro político es una práctica muy natural, algunos se desligan para verse con mayor cordura; sin embargo, todos en algún momento, lo hacemos y nuestra participación en las grandes decisiones, directa o no, es innegable.
Enlace copiado
Enlace copiado
Lo arrastrado desde antes de los acuerdos de paz es la causa de muchas de nuestras realidades, desde la inauguración en 1992 de nuestra más reciente etapa política, creímos en la igualdad de derechos y la tolerancia a cualquiera de nuestras diferencias, con ese entusiasmo y espontaneidad consolidamos el agrupamiento de las grandes mayorías en dos corporaciones ideológicas, cada una ubicada en un flanco del plano geométrico, resultado de nuestro desarrollo político con el que debemos convivir sin anteponerlo como algo perverso.

Nuestra responsabilidad en esta nueva etapa ha sido directa, sin mucho razonamiento y predispuestos ante un concepto maligno de polarización, las campañas políticas nos han llevado creer que ambos flancos son extremos, especialmente en aquella población que se mantiene a distancia con los partidos políticos que las representan.

Muy pronto la campaña política nos inundará... los interesados en buscar la mejor solución para el país debemos contribuir a prepararnos para ser ideológicamente más conscientes y no extraviarnos. La acumulación del capital político en dos grandes fuerzas no impide fijar la atención en los valores sociales de la individualidad, sus derechos y el poder de decisión, aun teniendo diferencias... Las posiciones dogmáticas son las que nos arrastran a los problemas de coexistencia, que no podemos aceptar.

Tenemos la oportunidad de reflexionar, razonar y preguntarnos, ¿qué sigue?, si bien la figura que pueda orientar nuestro país hacia un rumbo más prometedor y volver a hablar de trabajo y desarrollo es necesaria, no debemos confundirnos, en menos de un año estaremos eligiendo una nueva Asamblea Legislativa, evento que marcará el rumbo hacia el estancamiento o el desarrollo democrático.

La nación requiere nuestra atención, incluyendo ver más allá de las fronteras y la relación con nuestro país; los abusos e injusticias que nos llevaron al conflicto armado ocurren en nuestro vecindario, las dictaduras latinoamericanas modernas están hoy en manos de los revolucionarios de antaño. Si bien llegaron al poder por la vía democrática, llenaron nuestros gobiernos de corrupción, incapacidad, intolerancia y se aferran al poder como la peor dictadura del pasado.

Defender desde nuestra Casa Presidencial y su partido político dictaduras en cualquier país “latinoamericano” es un aviso y la bofetada más cobarde que pueda recibir nuestra Constitución, nuestra democracia y el pacto de caballeros que nos llevó al fin de la guerra...

El rumbo de nuestro país es cosa muy nuestra, los hechos de hoy serán la herencia de mañana. Nuestra esperanza está en un proyecto confiable que eduque y genere la necesidad de caminar juntos. El orden es claro, el próximo paso es forjar la gran decisión de reducir la presencia en nuestra Asamblea Legislativa de la “izquierda de la guerra”, eso, no es ningún radicalismo, es una aspiración política que nos haría mucho bien.

Administrar nuestro país no es cuestión de ideologías, es una responsabilidad que exige reconocer a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, exige la organización para la consecución de la justicia, la seguridad jurídica y el bien común. En consecuencia, es obligación asegurar el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social... Tras eso debemos caminar.
 

Lee también

Comentarios

Newsletter