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Reconozcámonos como habitantes de un país en el que la naturaleza es un mosaico de bellezas extraordinarias

La campiña nacional es extensamente rica en variedades, que nos salen a la vista a cada paso, haciéndonos sentir que la Naturaleza está ahí a nuestro alcance.
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Reconozcámonos como habitantes de un país en el que la naturaleza es un mosaico de bellezas extraordinarias

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Los salvadoreños hemos venido perdiendo en forma deplorablemente progresiva la conciencia integral de lo que somos y de lo que tenemos. Si nos ponemos en el plano de la pertenencia patriótica, el deslave es dramático y desolador: ya ni siquiera se habla de la Patria, como si no existiera o como si se tratara de un recurso artificial. Los datos al respecto son elocuentes al máximo: las fechas cívicas se han venido desdibujando en el ambiente, los personajes históricos pierden todo relieve y pareciera que no tenemos historia, como si hubiéramos surgido de la nada. Un dato revelador: el 5 de noviembre, que es nuestra fecha más emblemática en el calendario rememorativo, ya ni siquiera se menciona. Y todo esto es muy desalentador para eso que se conoce o se conocía como el alma nacional, que se halla cada vez más expuesta a las depredaciones de la incomprensión sobre sí misma.

En lo que se refiere al ambiente natural, si bien es cierto que padecemos importantes estragos como el deterioro del agua, la contaminación del aire, el desgaste de la tierra y las calamidades en los espacios vegetales, El Salvador continúa siendo un escenario propicio para ir al encuentro de sensaciones gratificantes y de emociones inspiradoras. Tanto el mar como la montaña invitan al gozo y a la expansión, con la ventaja adicional de las distancias casi inexistentes. En ese sentido nuestro país es un manual de paisajes naturales y de escenas humanas que se suceden a cada instante, como si tuviéramos a la mano un video esplendoroso que se repite constantemente siempre con nuevas imágenes.

Si algo puede ser muy fácil en nuestro país es contar con un pequeño jardín, por sencillo y rústico que sea. Las plantas y los árboles de flor están en todas partes, hasta en las comunidades y en los vecindarios más humildes. La campiña nacional es extensamente rica en variedades, que nos salen a la vista a cada paso, haciéndonos sentir que la Naturaleza está ahí a nuestro alcance. Este es un privilegio espontáneo, que debemos valorar en todo lo que tiene de inspirador y de reconfortante. Basta tener enfrente la lujosísima gama de los verdes que están a nuestro alrededor para tener noción de lo que esto significa.

Como experiencia personal de alta intensidad evocativa vuelvo a tener presentes aquellas imágenes de los cerros de Apopa y de los potreros y morrales de Chalatenango, como los viví en mis primeros entonces. Tales entornos tuvieron desde un principio para mí mensajes que trascendían lo puramente natural, y eso desde luego lo percibo y lo valoro ahora con claridad mayor y con emoción más viva. Un lujo inefable de acompañamiento sensorial, en el que las figuras y los colores hacían permanente alianza para mostrar que el aire era una especie de vitral en inagotable movimiento.

Pero no solo los árboles, los bejucos y las flores estaban ahí: también las brisas libérrimas, las nubes matinales y crepusculares, los colores del cielo expandiéndose como cortinajes espumosos, las corrientes de las quebradas de estación, las cuevas donde irradiaban los ojos de agua, los caminitos polvorientos que bajaban del Cerro El Sartén, las arboledas por el lado de la extensa finca de don José María Villafañe, los rieles por donde se conducía el tren de Oriente por la mañana de ida y por la noche de regreso... ¿Qué mejor escuela de sensaciones puras y frescas que aquélla que estaba a diario a disposición de todos? Y en este mismo instante siento vivamente que me lo confirman el conacaste que estaba en el borde de la pendiente hacia la calle de tierra que venía del Norte y el amate que se hallaba al otro lado de la misma calle...

Estamos seguros de que cada salvadoreño, con las naturales variantes de las respectivas experiencias de vida, tendrá sus imágenes sobre la Naturaleza que está a nuestro alrededor. Lastimosamente hemos sido todos muy descuidados en el trato del entorno natural, y por eso hay tantas carencias y desperdicios. Hay que reconciliarse responsablemente con la Naturaleza, que sigue siendo tan generosa a pesar de todo.

El Salvador nunca ha dejado de ser un emporio de ofrendas gratificantes. Pongámosles atención, sin descuidar las tareas por hacer en el área de nuestros problemas acuciantes. Recuperar el sentido de país tanto en lo positivo como en lo negativo es un requisito clave para asegurar la supervivencia tan asediada. Abrámonos también a lo bello, desde un amanecer hasta una flor, desde una cordillera hasta una sonrisa...
 

Tags:

  • naturaleza
  • supervivencia
  • Apopa
  • patria

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