Recordemos que el tiempo se acelera cada vez más y que dentro de dos años estaremos ya en campaña presidencial

La pregunta básica de cara a dicho momento es: ¿Habrá continuidad o habrá alternancia? Nadie se hace tal pregunta de manera explícita, pero está sin duda en la mente de todos.
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Recordemos que el tiempo se acelera cada vez más y que dentro de dos años estaremos ya en campaña presidencial

Recordemos que el tiempo se acelera cada vez más y que dentro de dos años estaremos ya en campaña presidencial

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Recordemos que el tiempo se acelera cada vez más y que dentro de dos años estaremos ya en campaña presidencial

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Comienzos de 2016. Dentro de dos años estaremos a comienzos de 2018, en pleno accionar de la campaña electoral para diputados y concejos, y ya en la recta acelerada hacia la elección de Presidente y Vicepresidente, que será a comienzos de 2019. Esto nos pone ante un calendario verdaderamente nutrido de eventos electorales, con todos los efectos que eso produce en el ambiente. Al hecho mismo de las tensiones competitivas, que son normales en el ejercicio democrático, se suman las insuficiencias y contradicciones del sistema electoral vigente, que se pusieron en conflictiva evidencia durante los comicios de 2015. Nada garantiza, entonces, que 2018 y 2019 sean años electorales más estables y pacíficos que 2015, y esto hay que tomarlo en cuenta a tiempo para darle bases a un desempeño más seguro y menos controversial. Es hora de empezar a considerar en serio las medidas pertinentes al respecto.

A la vez que se realiza todo el esfuerzo necesario para activar los motores del crecimiento nacional se vuelve imperioso comenzar a dibujar el mapa de lo que será la decisión en las urnas tanto en 2018 como en 2019. El punto de las eventuales candidaturas hay que considerarlo a profundidad y con el detenimiento debido, sin que los apremios de las respectivas coyunturas se impongan cuando ya la inminencia está sobre el terreno. Justamente dejar las cosas para última hora ha sido factor determinante de los errores y despistes sobre la escogencia de figuras que vayan a medirse en el ruedo. Esto les corresponde de manera directa a las diversas organizaciones partidarias, y muy en particular a las dos mayoritarias, que son las que la ciudadanía mantiene como tales justamente para que se responsabilicen de esa sostenida confianza ciudadana, que hasta hoy ha sido muy poco correspondida.

Sin duda 2018 traerá una elección de especial trascendencia, particularmente porque ese año habrá que elegir a los cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Sabemos que la Sala de lo Constitucional que se constituyó en 2009 generó un dinamismo sin precedentes en lo que a decisiones y a jurisprudencia se refiere. Nadie se lo esperó, y menos aún los grupos políticos electores, especialmente aquellos que están instalados en las posiciones de control. Por eso la ciudadanía tiene que estar preparada con antelación suficiente para incidir de manera determinante en que dicha elección no resulte secuestrada por los intereses que pretenden seguirse imponiendo sobre el bien común.

Y cuando se den las elecciones legislativas y municipales de 2018, las presidenciales de 2019 estarán a la vista. La pregunta básica de cara a dicho momento es: ¿Habrá continuidad o habrá alternancia? Nadie se hace tal pregunta de manera explícita, pero está sin duda en la mente de todos. Lo primero sería no dramatizar el tema, porque ya está bastante visto que a estas alturas del proceso nacional lo que impera cada vez más es la realidad y no las ideologías, como se creyó por tanto tiempo. Lo que se impone, pues, es que cada uno de los actores políticos y todos en conjunto se atengan a la realidad tal cual es, sin que ninguno quiera poner sus fantasías por encima.

El electorado nacional se ha venido manifestando en elocuente y reiterada coincidencia con los requerimientos del proceso nacional, desde que la democratización alzó vuelo allá a comienzos de la década de los 80 del pasado siglo. Esto hay que reconocerlo y valorarlo en toda la trascendencia que tiene. Lo peor hubiera sido un electorado displicente o errático. Por fortuna nos tocó lo contrario, y si las cosas no han venido saliendo de la manera más deseable la responsabilidad es mucho más de los liderazgos que de la ciudadanía.

Aunque pareciera que aún hay bastante tiempo disponible para preparar las apuestas de 2019, lo razonable sería que, sin alterar la necesaria normalidad del ambiente, cada quien empezara a hacer sus preparativos orientadores, comenzando por visualizar y analizar las figuras factibles no sólo para la competencia sino también para la gobernabilidad, que es al final lo que más importa.

Tomemos el tiempo en serio, porque seguir desperdiciándolo como ha sido práctica reiterada e irresponsable nos impide avanzar en todo lo que se necesita. No sólo existe el calendario político: el calendario real es en definitiva el que manda.

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