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Recuperar la dinámica del crecimiento requerirá sin duda redimensionarnos como sociedad en clave de presente

Los salvadoreños hemos tenido, por tradición, voluntad de salir adelante pese a las limitaciones y a las adversidades que nos han asediado a cada momento.
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 El espíritu pionero nunca ha dejado de estar activo, aun en las peores circunstancias, y ese acompañamiento ha permitido que, históricamente, El Salvador sea un ejemplo de supervivencia a toda prueba. Desafortunadamente tal voluntad de sobreponerse a todos los avatares no tuvo un componente paralelo que nos hubiera habilitado para que el heroísmo derivara en efectividad: ese componente es la organización de la vida nacional conforme a los requerimientos de la convivencia pacífica y del desarrollo equitativo.

Como venimos señalando, otro gallo nos habría cantado si desde los inicios de nuestra vida republicana hubiésemos optado por la organización democrática, en vez de dejar que el poder, que es díscolo y abusador por naturaleza, hiciera de las suyas. Se habla de “poderes fácticos”, y lo cierto es que en el país el poder se vino comportando siempre como una fuerza fáctica, con simulacros de legalidad que no incidían en el fondo de los hechos. Eso nos llevó a muchas distorsiones acumuladas, que afortunadamente no lograron quebrantar el probado sentido común de la ciudadanía.

Pero las distorsiones siempre hacen mella, y entre nosotros ese trabajo desnaturalizador viene teniendo efectos muy erosionadores. El sistema de vida fue perdiendo confianza en sí mismo, hasta el punto de parecer que va a la deriva, sin enganches seguros con las realidades que sucesivamente se viven. La sensación de que es mejor emigrar que permanecer ganó terreno de manera intensiva, sobre todo una vez que el conflicto bélico desapareció del escenario, y eso como todo tiene sus pros y sus contras: tiende a desestructurar el cuerpo social y contribuye a la flotación del mismo por medio de los apoyos financieros derivados del aporte familiar de los migrantes. El aprendizaje democrático ha sido y sigue siendo una escuela de alto costo y de muchos desafíos, porque después de tanto tiempo de practicar el trastorno disociador es dramáticamente complejo reactivar el arte de convivir.

Puestos en ese panorama, los salvadoreños tenemos que hacernos un interrogatorio ilustrativo para reasumir la dinámica del crecimiento en todos los órdenes, no sólo en el económico. Ese interrogatorio existencial sobre el país no es para descubrir nada nuevo sino para reencontrarnos con nuestras realidades más profundas, a fin de relanzar las múltiples tareas que están pendientes. En primer término hay que poner la política en su puesto, para que no siga controlándolo todo. Es tal ese predominio que hoy, cuando se habla de posibilidades reales de mejoramiento en el plano nacional, saltan al instante las reservas consabidas: “Sí, pero nada podrá lograrse si la partidocracia no se desmonta y si los políticos no se reciclan”. Eso desde luego hay que moverlo, empujando desde afuera del esquema puramente político; y el gestor del cambio tiene que ser la ciudadanía concienciada de su rol y animada a potenciarlo.

El Salvador necesita reasumirse como ente con vida y destino propios. Y esto es mucho más que retórica patriotera: es patriotismo en el sentido más realista del término. Para crecer en serio hay que creer en las energías que animan el crecimiento, y justamente lo que venimos padeciendo es una dilatada crisis de autoestima, que frustra o debilita los impulsos de progresividad fructífera. Es muy difícil recuperar la autoestima cuando casi todos los datos que arroja la realidad abonan al escepticismo, al pesimismo y a la frustración. El país está necesitando al respecto una terapia revitalizadora, que tiene que venir de adentro, de los viveros de la conciencia nacional.

Ahora somos parte de un mundo en creciente globalización, que ofrece oportunidades sin precedentes, y más a un país como el nuestro. Aprovechemos esta inimaginada ventaja histórica reposicionándonos animosamente en el mapa de la nueva competitividad.

Tags:

  • salvadoreños
  • democratica
  • poderes facticos
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