Redefinir la ruta

Los tiempos han traído innovaciones verdaderamente inimaginables sobre todo en los distintos planos de la ciencia.
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La medicina, por ejemplo, está hoy a años-luz aun del pasado bastante reciente. De pronto pienso que cuando yo era niño la penicilina iba a la vanguardia. Y en el plano de las comunicaciones, cuando se viajaba lejos el recurso de avanzada era el cable con un par de palabras: “Llegué bien”. Entonces cabe la pregunta: Si ha habido ese tipo de saltos de calidad en el plano científico, ¿por qué paralelamente se ha producido tanto deterioro en los comportamientos humanos y en la práctica de valores? Todo parte, de seguro, de una distorsionada idea de progreso: el “tener” se le ha subido a los hombros al “ser”. La ola del consumismo lo arrasa todo. Y lo que queda cada vez más en evidencia es que si consumir se vuelve obsesión lo humano va perdiendo follajes hasta dejar desnudas las ramas interiores. Y de ahí a la deshumanización sólo hay un paso. Lo malo no es “tener” ni “aspirar a tener” sino dejar que tales movimientos voluntarios se vuelvan trampas anímicas. Es en la educación más temprana donde están las claves de una nueva práctica humana, que ponga la felicidad real por encima de las fantasías dizque placenteras. Así como ha prosperado la ciencia tendría que prosperar el destino tanto de los individuos como de los pueblos...

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