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Referencia admirativa a los que se quedan. Remembranza y actualidad

Hay que apostarle activamente, aquí y en todas partes, a la potenciación de lo positivo, de lo auténtico, de lo visionario. Los salvadoreños tenemos que cuidar nuestro hogar compartido. Este hogar que hoy asume características globales.
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El Salvador ha sido siempre país de emigración, y por ello las invitaciones existenciales a ausentarse en busca de horizontes nunca han dejado de existir. Pero hay momentos en que tal invitación atrayente deriva en tentación irresistible, y es cuando las condiciones aprietan las tuercas hasta niveles de asfixia. Durante la guerra hubo momentos de altísima tensión, y uno de ellos se dio durante la Ofensiva hasta el Tope, que desataron las fuerzas guerrilleras en el área metropolitana de San Salvador y sus alrededores en noviembre de 1989. La atmósfera era traumática. Iba yo una mañana de aquellos días, el día miércoles 15 para ser más preciso, hacia LA PRENSA GRÁFICA, entonces en el centro de la ciudad, cuando tuve la sensación del desamparo ciudadano. Algunos huían pero otros se quedaban. Me nació el impulso de escribir sobre eso, y así, al nomás bajar, escribí una prosa que titulé “Los que se quedan” y publiqué de inmediato:

“Siempre hay algunos que se van, pero tú te quedas. El peligro es enorme, la inseguridad es profunda, el miedo es inevitable; pero tú te quedas. Hay días en que tienes que caminar por las calles desiertas, como un fantasma del país que fue; pero miras el cielo transparente y magnífico, y te detienes en una esquina, y te dices: ¿Quién va a admirar este cielo perfecto si yo me voy?// Siempre hay algunos que no resisten más; pero tú resistes. El sonido de los bombardeos te despierta sobresaltado en las madrugadas; pero tú resistes. Tus padres, tu esposa y tus hijos lloran, quizás, agobiados de angustia; pero tú sabes que siempre existen los que se van y los que se quedan, y no puedes dejar de estar entre los que se quedan.// Es ante ti que yo me detengo, e inclino la cabeza. ¡Es a ti a quien yo saludo, con el orgullo convertido en lágrimas! ¡Tú eres el único héroe a quien yo reconozco en estos días de prueba!”

Desde luego, la dinámica histórica nos ha enseñado que los que se van, casi siempre por necesidad, también tienen sus notables méritos, y el principal de ellos es no desvincularse del lugar de origen sino, en infinidad de casos, asumirlo desde la lejanía con intensidad entrañable. La llamada “diáspora salvadoreña” nos lo está demostrando con creces en el día a día. Las traumáticas experiencias vividas a lo largo del tiempo, y sobre todo las trepidantes de las décadas más próximas, parecen mover voluntades hacia el autorreconocimiento, y esto no sólo es un incentivo existencial sino también una invitación intensiva a buscar nuevas formas de convivencia.

Pero volvamos a los que se quedan. Testimonios conmovedores e inspiradores al respecto se presentan en el día a día. Señalo uno muy reciente que me ha tocado la sensibilidad en especial, porque se trata de aquellos que, habiendo venido del exterior, hacen de El Salvador su lugar de arraigo, pese a las circunstancias. En la revista MUJERES de El Diario de Hoy, correspondiente a septiembre, la conductora de televisión Claudia Daher manifiesta de manera explícita, sencilla y sincera sus motivos para permanecer en nuestro país. Leamos algo de ese texto:

“Desde que llegamos hace ya casi 10 años nos abrieron las puertas sin restricciones. Hemos encontrado gente que nos ha acompañado a lo largo del tiempo en las buenas y en las malas y sin la obligación que te da el ser familia... sino por el simple hecho de que son seres humanos fantásticos.// Este país está lleno de gente luchadora, trabajadora, amable, dispuesta a dejarse la piel en lo que hace. ¿Qué soy una ilusa, que también hay gente a la que no le importa? Pues claro, eso lo sé, pero siempre he creído que somos más los buenos que los malos, los que nos levantamos para trabajar cada día y buscar un futuro mejor.// Estoy consciente de que pueden venir tiempos difíciles, que no es sencillo, pero como dicen en mi país: ¿Quién dijo miedo? Yo me quedo en El Salvador”. ¡Gracias, Claudia, por la feliz inspiración del mensaje!

Los tiempos que corren no son fáciles para nadie, ni siquiera en aquellos ambientes que parecieran los más desarrollados y civilizados. Signos de alarma surgen por doquier. En Estados Unidos, por ejemplo, que es una sociedad de orden y de leyes, de progreso y de creatividad, el que estén surgiendo señales sombrías como el discurso de Donald Trump debe hacernos reflexionar más expansivamente sobre las realidades en marcha. Hay que apostarle activamente, aquí y en todas partes, a la potenciación de lo positivo, de lo auténtico, de lo visionario. Los salvadoreños tenemos que cuidar nuestro hogar compartido. Este hogar que hoy asume características globales. Y es que El Salvador, pese a todo, tiene destino con raíces y con alas. Trabajemos juntos para que sea convivible para todos. No dejemos que el terror y la angustia sigan expatriando a tantos compatriotas.

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  • migracion
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