¿Refinanciando el futuro por adelantado?

¿Es cierto que a los dos partidos principales les conviene aprobar el refinanciamiento de los bonos de 2019 a 2024, porque ninguno sabe quién va a ganar en este momento?

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Roberto Rivera Campos / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El argumento a favor va más o menos en este sentido: Como nadie sabe quién va a ganar le conviene a cada partido encontrar la mesa limpia, pues así se evitará, en caso que gane, tener que negociar los votos de la mayoría calificada con la oposición. He escuchado que ocasionalmente se ilustra con el hipotético velo de la ignorancia de John Rawls: Antes de nacer “nadie conoce su lugar (que tendrá) en la sociedad, su posición de clase o estatus social, ni nadie sabe su fortuna en la distribución de activos naturales y habilidades, su inteligencia, fortaleza y similares... Los principios de justicia se escogen detrás de un velo de ignorancia... Esto asegura que nadie tiene ventajas o desventajas en escoger principios (de justicia) por el resultado de las posibilidades naturales o las contingencias sociales” (Una teoría de la justicia).

En el caso del refinanciamiento de los bonos futuros, la situación de cada partido no es en nada parecido a la hipotética decisión mencionada. Cada partido se forma una probabilidad subjetiva de ganar o perder, resultado de muchos factores: las encuestas periódicas que se realizan en el país, los análisis que cada partido hace al interior, sus propias encuestas, su percepción de la calidad relativa del candidato y la percepción sobre algunos elementos objetivos como la institucionalidad electoral del país. ¿Es un juego justo para todas las partes la elección presidencial? ¿Pueden algunos tener más información que otros al respecto? Negociar por adelantado sobre la base que nadie sabe quién va a ganar es una simplificación enorme.

Ciertamente, un partido que negocia y aprueba por adelantado se lleva todo; el que pierde sabe que se queda, en cuanto oposición, sin una de las palancas de presión de mayor potencia por todo el quinquenio. Si la probabilidad total de ganar le es favorable se puede arriesgar, tendrá una ganancia positiva, y negociar es de su mayor conveniencia.

Si no negocia y gana tendrá la presidencia, pero habrá que negociar con la oposición por cada refinanciamiento; pero si pierde aún tiene la palanca de presión sobre el Ejecutivo por los votos del refinanciamiento. Si la probabilidad compleja de ganar no está clara, no negociar es lo que más le conviene.

Aunque uno pensaría que negociar por adelantado le conviene al país, tomar decisiones a estas alturas por adelantado sobre el refinanciamiento de las deudas del país es sumamente complejo y arriesgado para los partidos políticos.

Considerando que falta cerca de año y medio para las elecciones, tiempo durante el cual esas probabilidades, por muy bien elaboradas que estén, seguramente evolucionarán a favor de unos y en contra de otros, este es un juego de alto riesgo. No es casual que algunos partidos puedan estar renuentes a tal negociación, renuentes a arriesgarse a perder una palanca de negociación para 2019, mucho menos para todo el quinquenio. Está en su naturaleza objetiva de partidos, cuya arma principal es la negociación para empujar sus proyectos. Desde mi punto de vista, por los argumentos indicados, refinanciar el futuro por adelantado tendrá que esperar.

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