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Reflexión de lunes

Cuando se lanza una mirada de amplio alcance sobre las estancias sucesivas de nuestra vida, lo que se ha venido haciendo natural es tener la sensación de hay una fuerza ajena a nuestra voluntad que rige el movimiento de avance.
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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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A esa fuerza le hemos dado múltiples nombres, casi siempre vinculados a lo sobrenatural; pero nunca nos hemos sentido plenamente seguros de lo que eso significa. Los que creemos que Dios existe tenemos las más variadas formas de identificarlo y de reconocerlo en nuestra vida personal. ¿Será Dios el conductor de nuestro avance vital? Voy a decir lo que pienso al respecto: Dios, por su propia perfección iluminadora, de seguro actúa como un buen padre de familia, que deja ser a sus hijos, moviéndolos a la autorrealización constructiva y gratificante.

Si queremos que Dios nos lo haga todo, ¿para qué estamos aquí? Él nos acompaña, nos da señales, nos orienta y nos conforta, y también puede reprendernos cuando es oportuno, pero no nos hace el trabajo. No le pidamos tanto a Dios, más bien ofrendémosle a diario nuestra misión bien cumplida. Si somos hijos de Dios debemos corresponder a ese insuperable privilegio siendo buenos hijos, que trabajan por la madurez de su propia alma y de su propia vida, con Dios al lado, vigilante pero respetuoso, inspirador pero cauteloso. Estemos seguros de que Dios nos deja ser, para que luego podamos cosechar los frutos de ser. Y el tiempo es sin duda su aliado y nuestro aliado más cercano.

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