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Reflexiones de medio término al final de año: Bukele y la izquierda

La referencia que se hace al pensamiento de izquierda no tiene que ver con superioridades morales, utopía versus pragmatismo ni otras distinciones teóricas sino con el eje fundamental que caracterizó, inspiró y luego destruyó a su principal vehículo político contemporáneo: la defensa de la autodeterminación y de la libertad frente al Estado. Esas ideas que parecían pasadas de época en el El Salvador posterior a Chapultepec recuperan vigencia ante la reconocida pretensión totalitaria de Bukele.

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Sosteníamos ayer que el régimen se ha confirmado a su medio término como uno conservador, de convicciones autoritarias, que sólo reconoce como interlocutores a algunos grupos económicos poderosos a los que les ha demostrado que la propiedad privada es uno de los derechos inalienables que está dispuesto a reconocer. Por supuesto, su disposición depende de la armonía en las relaciones y de que los interesados se sienten en la misma mesa que los burócratas y que el mandatario.

A esa mesa también han sido invitados los representantes de diversas confesiones religiosas, miembros del cuerpo diplomático y de algunos sectores de la sociedad civil, pero Bukele no consiguió una buena foto con ninguno de ellos. Especialmente tensa fue la reunión a la que el mandatario invitó a los principales embajadores y cónsules en mayo de este año, un hecho que consumó el naufragio de relaciones del gobierno salvadoreño, huérfano de apoyos desde que el lamentable señor Ronald Johnson abandonó el país.

La frescura con la que el presidente de la República se relaciona con algunos empresarios no es sorpresiva como tampoco lo es su tirantez con los movimientos ciudadanos y entidades no gubernamentales. Con ellas también sostuvo un encuentro este año, a finales de julio, en el que cándidamente les prometió que no habría persecución política ni legal contra organizaciones de la sociedad civil.

Es natural que un gobierno conservador y neo militarista, que simplifica el concierto nacional a una suma de seguidores versus opositores, que descalifica a todos sus críticos como agentes de intereses extranjeros o peones de la vieja partidocracia, que justifica los vejámenes infligidos a sus adversarios a través de la vocería oficial, sea considerado censor y acosador de la ciudadanía.

Constituido en un polo tan fuerte que amenaza con inundarlo todo con narrativa oficialista, propaganda y el afán unificador característico de los sistemas políticos de partido único, es cuestión de tiempo para que el régimen la emprenda contra cualquier minoría, causa social y movimientos de reivindicación. Eso así como su gen fideísta y confesional bastan para situar a Bukele y a su régimen al otro lado del pensamiento de izquierda.

Cualquiera creería que ante unos administradores del Estado con esos rasgos, enfrentada a un periodo en el que las libertades y derechos corren tal peligro, la izquierda como campo político, social e ideológico estaría a las puertas de un florecimiento. Aunque Bukele amagó con recoger las banderas de los liderazgos socialdemócratas y hasta socialistas en algún momento de su carrera, ya se ha planteado en estas reflexiones que está más proclive a levantar las de la derecha más recalcitrante. El riesgo de que el oficialismo también invada la zona desde la cual debe tejerse buena parte de su crítica es mínimo.

La referencia que se hace al pensamiento de izquierda no tiene que ver con superioridades morales, utopía versus pragmatismo ni otras distinciones teóricas sino con el eje fundamental que caracterizó, inspiró y luego destruyó a su principal vehículo político contemporáneo: la defensa de la autodeterminación y de la libertad frente al Estado. Esas ideas que parecían pasadas de época en El Salvador posterior a Chapultepec recuperan vigencia ante la reconocida pretensión totalitaria de Bukele.

Pero si en el espectro de la política criolla que entendemos como derecha, el presidente y su partido aprovechan tanto como disimulan muchas convergencias para quedarse con los pocos areneros, pecenistas y pedecistas que quedan, al otro lado de ese abanico si acaso se van cociendo a fuego lento las conciencias de los líderes de una nueva generación que, hacia diciembre de 2021, no tiene un vehículo partidario para hacerse ver.

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Tags:

  • Bukele
  • izquierda
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