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Reflexiones en Semana Santa

Desde el país que nos llevó el catolicismo les escribo emocionado, específicamente de Sevilla. Es uno de los acontecimientos más grandes en la región española.
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Todo tiempo durante el año es bueno para reflexionar y la Semana Mayor o Semana Santa es la cúspide para hacerlo de la mejor manera, con el corazón abierto y con la fe siempre en lo alto. Desde el país que nos llevó el catolicismo les escribo emocionado, específicamente de Sevilla. Es uno de los acontecimientos más grandes en la región española. Cada actividad está preparada por cientos de personas que hacen la logística. Gracias a la Universidad Francisco Gavidia, quien me envió a un congreso de comunicaciones a la Universidad de Sevilla, además de aprender en una de las universidades más grandes de España, pude quedar anonadado de esta experiencia religiosa.

Todos los ceremoniales y actos protocolarios son bien elaborados, hacen que el evento cristiano sea espectacular. Desde unos días antes observé a cientos de personas haciendo largas filas, el motivo era obtener el programa de la Semana Santa. Canal Sur se encargó de imprimir la programación y entregarla a los feligreses.

Visitar la Giralda, Alcázar de Sevilla, iglesias y sin faltar la Catedral de Sevilla, son motivos para escribir a detalle cada historia de sus imponentes lugares turísticos, edificaciones, personajes y en especial los de corte religioso. Todo este acontecimiento me recordó un lugar en El Salvador que prepara también la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo con mucho ceremonial y solemnidad. Esa ciudad es Sonsonate. Aunque aclaro, que no es una competencia, el objetivo principal es recordarle al mundo que Jesús está vivo.

Los Pregoneros anunciaron fecha tan esperada y, como me dijo un sevillano, “acá se celebra la mejor Semana Santa de todo el mundo”. Mientras los gitanos leían las manos y vendían ramos de romero a más de un despistado a los alrededores de la Catedral; mientras ateos y forasteros pisaban las calles, era oportuno detenerse a contemplar magistrales procesiones. Cada encargado de las Cofradías se esmera, según programa, de arreglar y dirigir cada imagen. Cada santo lleva ropajes elaborados magistralmente y con detalles espectaculares.

La multiculturidad de turistas se mezclan con cada acto religioso. Con guía del programa, cada católico y no católico no quiere perderse cada acto. Es tan ordenado el evento que en las iglesias tienen contratadas a personas que brindan seguridad. Mientras en cada calle las personas tiran flores y observan los recorridos.

Quiero manifestar que observé una imagen de una estatua de Cristo, está sentado y según mi análisis parece que reflexiona, su rostro ensangrentado y su cuerpo con poco ropaje, tal como lo crucificaron. La imagen desea decirnos que fue humillado, muerto y sepultado, pero nunca murió y desea ver a un pueblo unido y sin rencores.

En cada país, ciudad, municipio, barrio o cantón, hacen recordar al Hijo de Dios, quien murió crucificado; sin embargo, resucitó para salvarnos. En el transitar en esa ciudad flamenca, descubrí que no es en vano saber que desde España llevaron por todo el mundo el cristianismo. Se nota el catolicismo.

Como siempre los bares y lugares mal habidos no faltan. Personas maleducadas entran a las iglesias como si se tratase de un show religioso. Qué bien un edecán pregunte en la entrada de Catedral si se va a la Santa Misa. Las costumbres difieren en muchos lugares, en Sevilla entregan un ramos de olivo en Domingo de Ramos. Desde los balcones algunas personas entonan cantos alegóricos y las bandas tocan con regocijo sus notas musicales mientras acompañan las procesiones.

De toda raza de personas se observa en las calles e iglesias, la mayoría de turistas carga en sus manos cámaras profesionales y souvenirs. Lo impensable es que alguien robe algo. Acá se observa la urbanidad y las buenas costumbres; no asaltan y no se escucha en los medios de comunicación que los asesinatos son una estadística diaria. Todo esto nos hace reflexionar, debemos de cambiar nuestra manera de comportarnos. Me van a disculpar, amigos lectores, pero en la mayoría de conversaciones, me manifestaban los que conocen nuestro país lo trágico que está. Yo les contestaba que ese mal, el de las pandillas, inseguridad y otros acontecimientos negativos no es eterno. Las calles permanecen limpias y las sirenas se escuchan escasamente. ¿Hasta cuándo habrá paz?

Volviendo a nuestra tierra, se merece que todos reflexionemos y nos unamos. Pueda ser que las diferencias nos separen, pero es momento de pensar en un mejor país. Recordemos que nuestro pequeño terruño lleva el nombre El Salvador, por lo tanto seamos constructores de paz. Esta semana es para reflexionar y no nos dejemos llevar por otras actividades paganas.
 

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