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Reflexiones sobre el diálogo, 25 años después de los Acuerdos de Paz

El pasado 16 de enero, fecha en que se conmemoró el vigésimo quinto aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, vuelve oportuno reflexionar sobre su importancia y los desafíos que actualmente enfrentamos en El Salvador.
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Celebro dicho acontecimiento histórico, pues en primer lugar pusieron fin a un conflicto armado que por 12 años trajo luto a las familias salvadoreñas, y porque en cierta forma vino a cohesionar a la sociedad, así como a sentar las bases para vivir en democracia.

No comparto la idea de quererle restar valor a los Acuerdos de Paz achacándoles los problemas graves que actualmente tiene el país, como la inseguridad ciudadana, la situación económica y los problemas sociales. Me parece que atender dichos problemas y evitarlos era responsabilidad de los actores políticos a quienes les ha correspondido gobernar en todos los niveles desde dicho suceso histórico, por lo que estimo que no es justo ni correcto quererlos atribuir como un defecto de los Acuerdos.

Uno de los aspectos que más importancia me merecen de los Acuerdos de Paz es precisamente que nacieron a partir de un diálogo. Esto llevó a que se aprobaran más de 30 reformas a la Constitución que implicaron una gran transformación en la institucionalidad democrática, y que comprendieron cuatro áreas: respeto a los derechos humanos, separación de las labores de seguridad nacional de las de seguridad pública, sistema electoral y justicia. Ahora será primordial tener discusiones académicas sobre los resultados que tuvieron estas reformas.

Frecuentemente, cuando observo que la polarización política dificulta lograr consensos para resolver los problemas que se tienen en el país, me pregunto que si se fue capaz de dar por terminado el conflicto armado por la vía del diálogo, por qué actualmente los actores políticos no pueden lograr acuerdos y construir los entendimientos para sacar a nuestra patria adelante. Lastimosamente, la palabra diálogo está trillada y desvalorizada, se ven esfuerzos de diálogo con sus respectivas mesas, pero que no son efectivos y tienen pocos resultados que se traduzcan en aliviar los problemas del país. Hay situaciones de inconformidad, tales como que estando los actores gubernamentales liderando los espacios de diálogo, se promueven reformas o medidas que ni siquiera son conocidas en la respectiva mesa que está creada supuestamente para discutir esos puntos. De igual forma, otros mecanismos como el Consejo Económico y Social (CES) no prosperaron por no contar con una metodología adecuada para funcionar bien.

Es fundamental revalorizar y darle de nuevo brillo a la palabra diálogo, lo que implica que todos los funcionarios del Estado y líderes políticos deben tener la capacidad y humildad de escuchar y buscar entendimientos “ganar ganar”, en un clima de confianza y respeto, en donde las decisiones que se tomen sean para el beneficio de la población. Una forma efectiva de romper la polarización política es a través de un diálogo que responda a las demandas de la sociedad, tal como lo ha planteado el Foro Económico Mundial en su agenda para 2017. Me parece importante distinguir que en efecto hay temas que requieren de acuerdos entre las fuerzas políticas, pero otros dependen de la voluntad del gobierno de turno y su capacidad de aplicar políticas públicas correctas.

El Salvador necesita menos polarización y más consensos, menos conflicto y más diálogo, pero que sea efectivo y rinda frutos, en espera de que conduzca a construir una visión compartida de futuro que nos lleve a tener una mejor democracia e instituciones fuertes que sirvan de plataforma para lograr el tan anhelado desarrollo económico y social.

Tags:

  • acuerdos de paz
  • seguridad
  • institucionalidad
  • sistema electoral
  • justicia

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