Reforma del Estado: los gobiernos locales

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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Uno de los temas que por décadas se viene posponiendo, o ni siquiera se ha incluido en la agenda nacional, es analizar y definir el tamaño del Estado que el país necesita. El liderazgo político, económico y social del país ha estado tan ocupado en otros temas, que se vienen descuidando asuntos que, al ser bien analizados y debatidos, nos podrían producir significativos cambios y beneficios para toda la población.

La falta de un liderazgo al más alto nivel en las estructuras de poder, que logre armonizar y consensuar con todos los sectores una visión de país, nos mantiene en un estado de polarización y confrontación permanente que dificulta concentrarnos en temas en que los intereses del país se pongan por encima de los de pequeños grupos de poder.

Uno de los grupos más poderosos que ha llevado al país a un desorden, ineficiencia y mediocridad desmesurada es la clase política. Allí es donde vemos la falta de liderazgos que modernicen y transformen el papel que les corresponde desempeñar en la sociedad. Ejemplos sobran, pero iniciativas tan importantes como la Ley de la Función Pública para modernizar y hacer eficiente el Estado es una muestra de hasta dónde mantienen estancados los esfuerzos de modernización.

La reforma del Estado es una de las tareas más apremiantes que debemos emprender para responder con mayor capacidad y eficiencia a las necesidades de la población y hacer un esfuerzo serio para reducir el gasto público. Nos vamos a referir en este espacio a la organización territorial y la división administrativa, para mostrar las oportunidades y los desafíos que se presentan en todo el Estado si hubiere voluntad y capacidad.

Tenemos en el país 262 municipios administrados por igual número de gobiernos municipales, cada uno con su propia estructura administrativa y presupuestos. Considerando nuestra población, tenemos un municipio por cada 25,600 habitantes. Al compararlo con los países de la región, Guatemala tiene un municipio por cada 48,000 habitantes, Honduras 32,000, Nicaragua 42,000 y Costa Rica 62,700. Somos el país con la estructura administrativa más ineficiente a nivel municipal. Centroamérica no es el mejor ejemplo de eficiencia, lo que hace que sea más mala nuestra posición y que probablemente sea una de las peores a nivel latinoamericano. Si tuviéramos una relación habitantes/municipalidades similar al promedio de la región (46,000 habitantes) llegaríamos a tener 145 municipios; sobran 117 que, según el presupuesto del FODES para 2021 a los municipios más pequeños, su funcionamiento demanda casi $120 millones anuales, suficientes para construir y equipar varios hospitales y escuelas cada año.

Una estructura tan deficiente implica un desperdicio de los recursos por fallas administrativas, procesos inadecuados para la toma de decisiones, hace más difícil y complejo el control interno; por eso las municipalidades deben ser un área de la administración pública donde puede haber todo tipo de irregularidades y deficiencias, y donde los tentáculos de la corrupción y el desorden pueden estar esparcidos hasta las zonas más remotas del país.

En el Gran San Salvador también se puede hacer más eficiente la administración. Incluyendo Nuevo Cuscatlán hay 15 municipios donde residen cerca de 2.5 millones de habitantes. Ciudades de México y otros países latinoamericanos tienen poblaciones más grandes y se administran con un solo gobierno municipal con sólidas y relativamente bien organizadas divisiones distritales, con todo lo que significa en cuanto a eficiencia para hacer una mejor planificación, un mejor control del uso de recursos y la simplificación de toma de decisiones.

La forma en que se ha manejado históricamente la cosa pública en el país, y que tristemente sigue vigente cuando estamos llegando al último cuarto del siglo XXI, hace poco realista que tengamos la capacidad para cambiar estructuras anacrónicas y deficientes. Los datos de las municipalidades sirven para ejemplificar cuántas energías, recursos y capacidad pierde el país cuando la mediocridad se impone a la racionalidad, la insensatez a la madurez, el desorden a la disciplina y las pasiones a las razones. Necesitamos liderazgos diferentes en toda la sociedad.

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  • reforma
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