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Relación entre poder económico y político

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Relación entre poder económico y político

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Los opositores con mayores probabilidades de llegar a la silla presidencial en 2019 son empresarios. Este fenómeno tiene varios significados. Uno de ellos es que los gobernados (electores) quieren hechos y no palabras. La población está harta de tanta retórica ideológica, preocupada por las medidas antiinmigrantes y abrumada por el desempleo y la violencia delincuencial. Este contexto genera preguntas como las siguientes: ¿qué ganaría la clase media con la llegada del poder económico al Órgano Ejecutivo?; ¿qué políticas públicas se implementarían?; ¿se pondría la prevención de la violencia dentro de la política social?; ¿cuál sería el riesgo de fusionar el poder económico y político? Para ayudar a responder estas incógnitas, a continuación se presentan tres valoraciones.

Primera valoración. Las ideologías basadas en la lucha de clases han sido nocivas para la mayoría de salvadoreños. Las fantasías ideológicas han promovido ideas-fuerza como las siguientes: (1) las cosas están mal porque no se tiene el poder absoluto (lo óptimo sería un partido controlando los tres órganos de Gobierno y el Ministerio Público), (2) si el partido tuviera el poder total, desaparecerían –automáticamente– el desempleo y la inseguridad, y (3) el Estado predomina sobre la sociedad y el mercado, y por ende, los gobernados deberían depositar el destino del país en un grupo de burócratas.

Segunda valoración. Las ideologías basadas en la preeminencia del mercado han sido nocivas para la mayoría de salvadoreños. El enfoque economicista hace que numerosos connacionales sigan sin entender que la pérdida del control territorial se debe –en gran medida– a la ausencia del Estado y al desempleo a nivel local. Las taras ideológicas han promovido ideas-fuerza como las siguientes: (1) el estancamiento económico se debe a la subida de impuestos, (2) al mejorar el clima de inversiones, crecerá la economía y luego se reducirá la pobreza, y (3) el mercado es una institución superior a la sociedad y al Estado, y por ende, los gobernados deberían confiar el destino del país en un grupo de comerciantes.

Tercera valoración. Las ideologías basadas en la participación y acción ciudadana están en pleno desarrollo, pero hace falta mucho. Esto es clave tenerlo en cuenta porque los candidatos partidarios pretenden “acercarse a los ciudadanos” para ganar las elecciones. Consiguientemente, las organizaciones civiles y movimientos sociales deberían seguir luchando para poseer un peso propio y equivalente al del Estado y el mercado. Una forma de lograrlo es debatiendo públicamente y haciendo propuestas sobre temas de interés nacional: (1) cohesión social, (2) educación de calidad y (3) lucha contra la corrupción e impunidad.

Conclusión: se desconoce si los gobernados (electores) quieren un empresario, un burócrata o un político-negociador en la silla presidencial entre 2019-2024. La realidad nacional indica que sería un error gobernar pensando que el clima de inversiones es más importante que la cohesión social (educación = prioridad uno). Consecuentemente, el perfil requerido para la Presidencia de la República se resume a continuación: (1) voluntad de diálogo, (2) capacidad gerencial, (3) habilidad para propiciar la generación de empleos productivos, (4) estar comprometido con la democracia y el desarrollo local y (5) valentía para atender la voz ciudadana.

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