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Relaciones diplomáticas con China

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Francisco Sorto Rivas / Master en Economía

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Hace algunas semanas el Gobierno de El Salvador estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China, rompiendo previamente las que mantenía con Taiwán.

Esto no significa, necesariamente, que entre los gobiernos de Taiwán y El Salvador se hubieran presentado conflictos que condujeran a la referida ruptura; simplemente que es imposible reconocer la soberanía de dos gobiernos de un mismo Estado.

De hecho la lucha por el reconocimiento de Taiwán como país independiente se remonta a la época de la colonia española, cuando la isla de Formosa, hoy conocida como República de Taiwán, fue gobernada por España, luego por Holanda, posteriormente por Francia, que la devolvió a China, a finales del conflicto franco-chino, de 1884.

Esa isla fue cedida luego por China a Japón, en 1895, gracias a un tratado de paz entre ambos países que habían mantenido un conflicto armado en años anteriores.

Con la derrota de Japón durante la Segunda Guerra Mundial, en 1945, se devolvió a China la soberanía de la isla. Al finalizar la revolución china, en 1949, el gobierno de Chang Kai-shek, quien fue derrotado por Mao Zedong, se refugió en la isla y ejerció el poder ahí, hasta que falleció y fue sucedido por su hijo.

En 1952, durante la firma del tratado de paz entre Japón y los países aliados, se devolvió oficialmente la soberanía de la isla a China, pero de forma un tanto ambigua, lo cual ha servido para que dicho territorio luche, desde entonces, por su reconocimiento como una nación independiente.

En 1971, la República Popular China ocupó la silla que tenía Taiwán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, perdiendo así el reconocimiento en la mayoría de países de la comunidad internacional.

El Salvador era uno de los pocos países que votaba recurrentemente en las asambleas anuales de Naciones Unidas en favor del reconocimiento de Taiwán como miembro de dicha organización.

En agosto, el Gobierno de El Salvador decidió desconocer la condición de Taiwán como país soberano, al establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China; de esa relación deberán nacer acuerdos de cooperación y foros de diálogo como se acostumbra a nivel internacional y, de ser conveniente para ambos países, profundizar sus relaciones comerciales y de inversión, a través de acuerdos marcos con preferencias recíprocas.

Una de las iniciativas que está en marcha es una posible adjudicación de la administración del puerto de La Unión, por medio de las autoridades portuarias y la concesión de una franja insular para el establecimiento de un parque industrial.

Este tipo de obras podrían favorecer el desarrollo económico de la región del golfo y, además, generar ingresos al puerto de La Unión, que desde su puesta en operaciones, en el año 2010, ha atendido poco tráfico, como consecuencia de una serie de defectos de diseño, según las autoridades portuarias.

Es importante tener presente que las relaciones diplomáticas son una cosa independiente de las inversiones y los flujos de comercio, aunque los primeros pueden dinamizar, naturalmente, los segundos, tal como ha sido planteado por el Gobierno al referirse a las Zonas Económicas Especiales.

De hecho, empresarios taiwaneses tienen inversiones importantes en la República Popular China, al igual que los Estados Unidos y el resto de países de la Organización para la Cooperación el Desarrollo Económico (OCDE).

Lo más probable es que, de resultar exitoso este experimento, habrá más empresarios interesados en invertir en la zona y la región del golfo podría convertirse en un polo de desarrollo como el que necesita El Salvador.

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