Religión, economía y pobreza

En el mundo occidental han existido dos coordenadas religiosas que han marcado la pauta de los sistemas sociales, educativos y económicos: catolicismo y protestantismo. Tras estos fenómenos religiosos y deterministas funcionan dos lógicas distintas de comprender la vida y el mundo: la providencia (Agustín de Hipona, Juan Damasceno) y la predestinación (Lutero, Calvino).
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En el enfoque teológico de la providencia, se tiene a una actitud de resignación inmutable: la vida terrena es efímera, lo importante es el Reino de los Cielos, hay un “más allá”, la Justicia Divina es superior a la justicia terrena. La pobreza es una condición predilecta de Dios; incluso se desarrollan discursos teológicos específicos como: opción preferencial por los pobres, civilización de la pobreza, la Iglesia es el “locus” de los pobres; y hasta en el catecismo oficial de la Iglesia se afirma que “los pobres existen para que los ricos hagan caridad” (1937; Santa Catalina de Siena; Il Diálogo della Divina Providencia).

Por su parte, la predestinación Luterana parte de un principio diferente sobre la gobernanza del creador; Lutero –y Calvino– en su teología definen que Dios en su omnisciencia divina sabe quién está salvado y quién está condenado. Obviamente el creyente le pregunta al teólogo: ¿en qué lado estoy? Lutero responde con los signos salvíficos intraeclesiales y extraeclesiales, entre los que se destacan: prosperidad en la economía, prosperidad en la salud y prosperidad en la Iglesia...

Es muy posible que se pueda interpretar que países de corte Luterano sean más prósperos que países católicos; así parece ser en Europa, los países más católicos son los que están en peor situación económica: Portugal, España, Italia y Grecia; mientras que países de tradición Luterana y Calvinista tienen un mejor nivel de bienestar. En efecto, a los luteranos su Iglesia les dice: demuestra con tu prosperidad que Dios te ha seleccionado como salvo, mientras que el mundo católico su Iglesia les dice: no te preocupes y resígnate por tu situación actual, lo importante es el Reino de los Cielos.

Obviamente en Latinoamérica se da una desfiguración radical de las iglesias, religiones y teologías, llegando a niveles extremos de estupideces sagradas. En Chalatenango hay una “Iglesia de los Apóstoles” en donde le dicen a sus fieles que vayan a la escuela y aprendan a leer, luego que se retiren (aproximadamente en tercer grado), ya que para ser salvos lo único que necesitan es leer la biblia. En otros niveles intelectivos más sofisticados podemos encontrar un denso discurso del P. Ellacuría sobre la dicotomía o tensión entre las civilizaciones de la pobreza y de la riqueza –en el marco de pueblos crucificados–; aquí no se trata de una pauperización universal sino la búsqueda de “un estado universal de cosas en que esté garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios” (El reino de Dios y el paro en el Tercer Mundo”, Concilium 180, 1982); obviamente el debate se puede situar entre el consumismo exacerbado y las condiciones óptimas para un bienestar racional.

Como hemos apuntado en otra reflexiones: Dios no juega a los dados con los humanos... con falsas predestinaciones o providencias; la libertad y responsabilidad humanas son esenciales en esta discusión, y las falsas religiones o iglesias con su miserable monopolio han manipulado a sus pueblos bajo el adagio: haz lo que yo digo, no lo que hago. Hay que revisar con ojo crítico los aparatos de la fe...

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