Remesas y el modelo económico salvadoreño

Hace unos días se eliminó el TPS para los salvadoreños en Estados Unidos con una transición de 18 meses. Tres problemas deberían preocuparnos desde el punto de la economía nacional: el regreso de salvadoreños y su absorción por la economía nacional; la reducción de remesas que este grupo envía al país; y la señal de que quizás estemos ante un punto de inflexión en la facilidad de inmigración que ha existido en el pasado y sus consecuencias para la economía nacional en el mediano plazo. Me interesa comentar este último.

Enlace copiado
Roberto Rivera Campos / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

Roberto Rivera Campos / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Tengo conciencia de este fenómeno desde que mis padres emigraron hace 49 años, en 1969. Las remesas que enviaron fue determinante en el financiamiento de mis estudios en la Universidad de El Salvador para que me graduara de ingeniero.

Lo entendí como fenómeno económico nacional en el estudio de Segundo Montes de la UCA que publicó en 1987: “Salvadoreños refugiados en los Estados Unidos”, donde estimó el peso que las remesas familiares tenían en la economía nacional.

Interesado en el tema publiqué en FUSADES a mediados de los noventa: “Remesas familiares y mal holandés” y “La potencial contracción de las remesas y el financiamiento de la economía salvadoreña”. En el primer estudio modelé el mecanismo a través del cual las remesas familiares tendían a producir un encarecimiento real del colón y expandían el déficit de la balanza comercial; en el segundo, modelé la manera macroeconómica en que las remesas contribuían a financiar la inversión en el país y el impacto potencial de su reducción.

Las remesas permitieron en los noventa que se acumulara una considerable cantidad de reservas internacionales en el Banco Central, facilitando así la dolarización de la economía en 2001. En efecto, mientras la moneda nacional fue el colón, el BCR tuvo que esterilizar el exceso de dólares de las remesas, que terminaban siendo depositados en el BCR y a cambio este inyectaba certificados de estabilización monetaria.

A medida que las exportaciones de café languidecieron en los ochenta, las remesas familiares fueron ocupando su lugar. La economía recibe cerca de 18 % del PIB y le permite vivir al país por encima de sus capacidades productivas, contribuyendo financieramente a acceder a los bienes y servicios del mundo.

Esto se evidencia en el sustancial déficit de la balanza comercial, es decir, en el exceso de importaciones en relación con las exportaciones. Las remesas facilitan que el país acceda a servicios como Netflix, Spotify y Sky, que se pueda ver el clásico español y la liga inglesa, que se ordenen a través de los servicios de “couriers” pedidos de productos internacionales, que se traigan del exterior vehículos nuevos y usados, y que el flujo de salida de dólares del país para pagar esos bienes y servicios no sea un problema.

Si la señal que estamos recibiendo es que hay un punto de inflexión en las facilidades de inmigración de la comunidad internacional, exportar más es prioritario. Hay que prepararnos para encontrar políticas más efectivas para expandir las exportaciones en el mediano plazo, que generen los dólares para importar, para ir sustituyendo en alguna medida y gradualmente el peso que las remesas familiares juegan en la estabilidad financiera del modelo económico salvadoreño tal como lo conocemos hoy.

Lee también

Comentarios

Newsletter