Renovación de actores políticos

Como en todos los espectáculos, sean de orden deportivo, cinematográfico, artes circenses, humorismo, acrobacia, boxeo, lucha libre, ballet, patinaje en el hielo, etcétera, ha habido renovación con el transcurrir del tiempo. Pero, también los actores envejecen y la audiencia pide caras nuevas. En aquellos, en los cuales se requiere esfuerzo físico, como el fútbol o soccer, la vida útil oscila entre los 18 años y los 40 años máximo, aun cuando hay contadas excepciones de guardametas.
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El campo político se asemeja a un espectáculo, los que actúan no son productivos a semejanza de los actores en estricto sentido, no generan algo tangible, ni aportan conocimiento, pero entretienen. Los que incursionan en el campo de la política lo hacen en principio para percibir algún beneficio, sea este en especie o en un medio de cambio generalmente aceptado. Muchas veces por sobresalir o satisfacer ego. El orgullo es el abanderado de los defectos de carácter de la humanidad. El ego o soberbia, cabe aclarar, es concebido en este caso, como el exceso de autoestima.

El deseo de sobresalir del humano es natural y plausible, sobre todo si con la aplicación de una aspiración individual se deriva un beneficio colectivo. Pero cuando esa cualidad se utiliza en desmedro del bienestar comunitario, entonces, es socialmente maligna.

Esos que se ocupan de la política tienden a mantener un promedio de edad que sobrepasa al de otras actividades y generalmente viven de las remuneraciones, de las utilidades, rentas e impuestos de aquellos que se desarrollan en una vida útil o esencialmente productiva. Algunos de los que se ocupan de la política sobrepasan la edad de retiro y en ciertos países del orbe llegan a constituirse en consejeros o en una especie de estadistas.

No creo que sea el caso de El Salvador, aun cuando mayorcitos los hay. Pero el mensaje central de este artículo es que el joven manifiesta un rechazo natural por los mayores en la interacción de discurso – audiencia, por el gap generacional o hábitos diferentes. El avance tecnológico ha cambiado la asimilación humana. El “focus” de atención de los jóvenes, la música, hábitos y moda son diferentes.

El joven actual mira en los de la tercera edad la experiencia, el testimonio, la anécdota; pero existe una barrera generacional. Algunos mayorcitos son casi una enciclopedia y hacen alarde de ello, citan o hacen alusión a actores de libros muy conocidos y personajes que alteraron la historia por sus hazañas o creatividad. Al joven eso no le interesa, el habla del nuevo celular, el último carro, de un deportista mundialmente destacado, del personaje de moda. Más tarde, algunos, ya mayorcitos, buscan un trabajo ejecutivo. La mayoría se apoltrona y los inventores en nuestro medio no existen. El prototipo del joven que requiere una nueva sociedad que aspire al desarrollo tiene que ser de nuevas ideas, inquieto por naturaleza y mucha creatividad.

Y es que resulta que la mayoría de los jóvenes no saben lo que quieren; no son ambiciosos, son laxos y necesitan de un guía, un líder (no de fachada, sí natural), un dirigente auténtico, que suplante, en muchísimos casos, al que no tuvieron en su hogar, que bien pudiese ser un dirigente autócrata, dado el grado de indisciplina y autodestrucción de nuestra sociedad.

Resumiendo, esos nuevos políticos deberán poseer atributos perceptibles de líder, tendrán que ser jóvenes; naturales y fidedignos agentes de cambio de la generación y sociedad a que pertenecen, con aspiraciones de modificarla, renovarla y ponerla en la catapulta del desarrollo. Los viejos o cariñosamente adultos mayores, apartémonos.
 

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