Réquiem

Quien hace del servicio público un apostolado merece reconocimiento.
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Por ello, escribo unas pocas líneas para Mario Eduardo Valiente Ortiz que de Dios goza a partir del 14 de mayo de 2016.

Mario fue un servidor de la ley, en el concepto de Platón y Aristóteles, que identificaron al servidor público como aquel “de cuya cualidad dependa la salvación o ruina de la ciudad”.

Nuestra comunicación casi diaria descansaba en su pensamiento político dominado por la idea que el buen gobernante es el que gobierna observando las leyes, de las que no se puede disponer libremente porque lo trascienden, como son las leyes impuestas por Dios, o inscritas en el orden natural de las cosas, o establecidas como fundamento de la Constitución del Estado.

Con un corazón grande y generoso desarrolló una familia que permanece unida en él y en su esposa, Mila. Son un ejemplo sembrado por ellos.

Desde temprana edad se ganó a los que lo rodeaban, mostrando inicialmente las dotes que lo acompañaron en su vida adulta y lo hicieron líder político.

Su espíritu de servicio lo hizo soñar y adelantarse a los tiempos. Soñó con el Parque de los Pericos y con el Metro, como megaproyectos, entre otros. Encontró que la política partidaria salvadoreña es extremadamente limitante. No permite que se piense allende las fronteras de los institutos políticos ni sobre los jerarcas del mismo. Vivió y sufrió esa realidad y con extraordinaria disciplina política, murió con las botas puestas.

Ejemplo para las nuevas generaciones de políticos: rompan el muro del capricho político y denle espacio al desarrollo humano, al entendimiento de lo que son los principios y valores democráticos como lo hizo Mario.

Abanderado contra la corrupción, nos deja a medias la lucha contra quienes administrando el dinero del pueblo lucraron con él o lo malversaron. Ya escuché voces en su funeral que demuestran que esta es una carrera de relevos. Veo que hay quien tome la antorcha que Mario enarboló en varios casos, especialmente el de El Chaparral.

Mario siempre vio al pasado como referente de los errores que no se deben cometer. Fue visionario sufrido. El Juez tiempo le dio la razón un tanto tarde en ambos proyectos en los que se le negó apoyo. De ambas se beneficia el Parque Bicentenario y SITRAMSS. Buscó Mario el cambio en la dinámica política de su estamento político natural y no encontró soporte para sus ideas que hoy en día pregonan tanto los detentadores del poder como la oposición política partidaria. Lecciones aprendidas, amigos.

Gracias a Mario Valiente y otros Quijotes políticos, HOY se habla con humildad y valentía de errores que obligan a la clase política a buscar nuevos rumbos que logren un mayor acercamiento a la ciudadanía. Esa fue su lucha que dará frutos después de su muerte.

Descansa en paz, Compadre, que tu memoria continuará viva para los nuevos políticos como luz que alumbre sus mentes y faro que los guie en la oscuridad política que les heredamos.

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