Réquiem para el amigo

De José Martí aprendimos que “honrar, honra”.
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El Salvador ha transitado de una cultura judicial basada en escritura, a una justicia predominantemente oral.

La oralidad es la forma elemental de comunicarnos. Su adopción en los procesos judiciales ha sido el paso trascendental más importante para que nuestros jueces no juzguen papeles sino a seres humanos.

Como ministro de Justicia, me correspondió tomar la decisión de elaborar ese gran proyecto de modernización de la justicia adoptando el proceso oral.

Por nuestra inexperiencia, pedimos cooperación a juristas internacionales quienes fueron coordinados por el “gran amigo” de la justicia salvadoreña, el doctor Luis Paulino Mora, en ese momento magistrado presidente de la Sala Constitucional de Costa Rica, con quien nos conocimos de estudiantes.

Conformamos un grupo técnico salvadoreño-tico, que redactó las bases del proceso oral y posteriormente los proyectos de los nuevos códigos Penal y Procesal Penal con la cooperación de verdaderos maestros del Derecho españoles y latinoamericanos.

Esos proyectos se consultaron ampliamente antes de finalizar su texto.

Luis Paulino Mora Mora, juez de vocación por más de 50 años, murió el 17 del corriente mes, siendo presidente desde 1995, de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica. El Salvador se benefició no solo en la modernización de la justicia penal con su ayuda, sino en todas las áreas de la justicia en las que recibimos su conocimiento y experiencia, quien nos las brindó desde una óptica humana. Su humildad lo hizo ubicarse en toda su labor modernizadora (centros judiciales modernos, procesos, capacitación, tecnología, carrera judicial, investigación científica del delito, etcétera), en el sitio del justiciable a quien buscó siempre brindarle el mejor servicio. Y lo logró. Desde esa sabia ubicación, tomó las mejores decisiones.

En los últimos 20 años fue el máximo referente de la modernización judicial. Gracias a él Costa Rica es el país líder de reforma judicial en América.

Escritor prolífero de Derecho. Su obra completa alcanza los niveles de las obras de los españoles García Pelayo o de Valiente y Castilla.

Mis notas son un muy breve bosquejo de su figura.

Hizo por nuestro pueblo mucho más de lo que se sabe. Por ello fue apreciado por el cuerpo judicial salvadoreño, a quien apoyó en su capacitación, aquí y en Costa Rica.

Perdimos un verdadero amigo de El Salvador.

Sus restos están con Dios; que su memoria y legado de servicio sea para sus deudos bálsamo de resignación.

Habiendo luchado por la Justicia hombro a hombro con él, el reconocimiento por lo que nuestro justiciable salvadoreño recibe gracias a su servicio, es un imperativo de conciencia y un deber que nunca será suficiente.

No podremos nunca pagarle lo que hizo.

Descansa en paz, compañero y amigo.

Tags:

  • forma elemental
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  • magistrado presidente

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