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Rescatar el Lempa (2)

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Rafael Castellanos

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Es obvia la importancia de rescatar el Lempa, que debiera ser fuente de vida y ahora es un río moribundo, lleno de heces fecales, desechos industriales, basura de todo tipo y elementos tóxicos, mercurio, cianuro y residuos de industrias, agroindustrias y minas en Guatemala. La labor es compleja y de largo plazo, el menú de acciones no es tan amplio, pero sí de difícil implementación: medidas de mitigación y control que deben ejecutarse y mantenerse en el tiempo en todos los afluentes del Lempa y en las quebradas que descargan en ellos en todo el territorio, y controlar y penalizar a quienes vierten tóxicos ya sean fecales, desechos industriales o basura de cualquier tipo.

El control es fácilmente en varios miles de puntos, lo cual requiere enorme capacidad de vigilancia y control, imposible de ejecutar por el MARN, por lo que deben involucrarse las municipalidades y la ciudadanía empoderada legalmente. Para esto hay que revisar las leyes vigentes, incluir multas y penalidades muy severas. Las vigentes son risibles y no se cumplen. Hay que darles facultades legales de control y penalización a las municipalidades y empoderar a la ciudadanía para denuncia documentada de las infracciones.

Un ejemplo real que ilustra qué hacer: mi experiencia como presidente de la ambientalista sin fines de lucro, ahora en receso, Construambiente, con fondos de bancos que financiaron viviendas y de miembros de Casalco, algunos constructores de vivienda y contratistas. Una de sus tareas fue la mitigación de la quebrada El Piro, que nace en Santa Tecla, recorre ese municipio, Antiguo Cuscatlán y parte de San Salvador hasta desembocar en el Acelhuate. El Piro recibe aguas negras, desechos industriales y basura y su hedor es notable en su recorrido, lo que denota la calidad del agua. Las tareas de mitigación que desarrollamos son clásicas, no muy complicadas, pero requieren seguimiento permanente, algunos fondos y la colaboración voluntaria de industrias colindantes, que puede hacerse obligatoria en las que contaminan.

Lo primero es que el agua debe circular fluidamente, no estancarse en agujeros y cárcavas que se forman en su cauce, es necesario sellarlos y tratar elementos que retienen su fluidez. Labor permanente porque el agua tiende a crear huecos. Tratar accidentes naturales como taludes que en su curso detienen el agua; es necesario construir muros de retención del alto del cauce máximo para facilitar el flujo. Otra labor sorprendente pero eficaz es que en los lugares en su recorrido expuestos a que se tire basura, cerrarlos con malla ciclón u otro tipo de cerco efectivo y permanente. Es sorprendente la cantidad y tipo de basura que los ciudadanos tiran, desde basura que recogen los camiones a desperdicios de demolición y construcción en obras individuales, animales muertos como perros y otros, colchones, electrodomésticos fuera de uso como refrigeradoras y hasta chasises de automóviles. Usted haga la lista y seguramente todo eso se vierte en las quebradas, y se queda corto, por lo que una acción tan sencilla como tapar lugares de posibles lanzamientos de basura es sumamente útil.

La labor más complicada es evitar que municipalidades y comunidades viertan aguas negras con heces fecales. En el caso de Construambiente, la mayor contaminadora era la municipalidad de Santa Tecla, que creo que ahora ya no lo hace. Igualmente complicado es evitar que las industrias viertan sus contaminantes al río, pues su "lobby" con las autoridades generalmente es convincente y en su mayoría terminan sin multas y siguen contaminando. Obviamente no son todas, pero hay casos insignia.

Esto mismo es lo que debe repetirse a lo largo del Lempa en quebradas y afluentes.

Continuará.

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