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Resistencia a cerrar la puerta

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Sandra de Barraza - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La corrupción es una de las peores calamidades en cualquier sociedad, erosiona valores fundamentales de convivencia. Hace desconfiar de todos y esto es trágico en cualquier grupo humano. El año recién pasado más de 8 de cada 10 salvadoreños dijeron están preocupados por ese tema en nuestro país y el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) ubicó a El Salvador en el puesto 112 de 180, siendo, dice FUNDE, la peor calificación obtenida en los últimos 6 años.

Hay razones objetivas para estar preocupados y para tener esa ubicación. En años recientes lo que rumoraba se confirmó. Las leyes no se respetaron. Las leyes demostraron tener vacíos e inconsistencias. Las instituciones no funcionaron, fueron débiles e ineficaces para controlar el uso efectivo y probo de los recursos públicos. Los cargos fueron ocupados por personas sin compromiso. La ley ni la institución no logran nada por sí solas. Se necesitan personas con valentía, independencia y principios que asuman los cargos relevantes. Solo así se hace diferencia. Y en esto a todos debe ocuparnos.

Debe ocuparnos porque nuestro país ha hecho enormes esfuerzos por garantizar la independencia de las instituciones responsables de juzgar y administrar justicia. Las reformas a la Constitución de 1991 hicieron especial énfasis en el Órgano Judicial. Desde entonces la sociedad hace un esfuerzo millonario y en ese Órgano de Estado la probidad se reduce a una pequeña sección incapaz de dar seguimiento a las declaraciones periódicas de al menos 7,000 funcionarios.

Tampoco se logra alinear el esfuerzo entre las instituciones responsables de cerrar las puertas a la corrupción porque falta independencia y autonomía en los tomadores de decisiones. La Fiscalía General de la República ha dado muestras de efectividad desde que es liderada por el actual fiscal. Allí se demuestra que es la persona la que hace diferencia en una institución encargada de luchar contra la corrupción y la impunidad. Pero, a todas luces, hay empeño en limitar su accionar.

Cuando la lucha es decidida abundan los enemigos. Basta con ver al país vecino para darse cuenta de lo que significa que una persona haga diferencia. A muchos les interesa mantener el sistema de privilegios, de corrupción y de impunidad. En el país vecino han sonado casos por el trabajo conjunto entre Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG). Y esto incomoda a propios y ajenos.

La CICIG ha hecho diferencia en coordinación con la Fiscalía. Tiene en el banquillo a presidentes, candidatos, funcionarios y a empresarios. Le abundan los enemigos. Y es tan férrea la incomodidad que el gobierno del país vecino ha tomado decisiones "por razones de orden y seguridad públicas" para no dejar entrar al jefe de la misión. Este nuevo intento por eliminar al incómodo jefe de la CICIG pone de manifiesto la resistencia a cerrarle puertas a la corrupción. Y es incómodo porque ha hecho diferencia. Las críticas internacionales, poco le ha importado.

A El Salvador, ¿le conviene una CICIES? Depende de quién la presida, de lo contrario, el riesgo es más burocracia. Se necesita una persona con capacidad e independencia. Un Iván Velásquez. Mientras tanto, hay que comprometerse en dejar atrás la tentación de no cerrar puertas a la corrupción y fortalecer la capacidad de la Fiscalía. Con esto es suficiente.

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