Retórica electoral

Siempre he sostenido que la ciencia política tiene un matiz de nobleza.
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Lo sigo creyendo. Pero hacer entrevistas a funcionarios públicos y líderes políticos me hace cada vez más escéptica. Hoy, en medio de la campaña electoral, celebro la sospecha informada y la suspicacia frente a los discursos y la publicidad electoral. Ya en la antigua Grecia, en los inicios de la democracia occidental, Platón desconfiaba de la retórica. Y lo hacía pues la retórica es el arte de la persuasión a través de lo verosímil, no la verdad, sino convencer a través de lo aparente.

En 1976 en su artículo “Filosofía, ¿para qué?” Ignacio Ellacuría explicaba lo fundamental de asumir una postura crítica a través de la vida de Sócrates. “De ahí que su saber pretenda ser un saber crítico. Y lo es, tanto por su personal insatisfacción con lo que ya sabía y por su consiguiente búsqueda incesante, como por su constante confrontación con quienes se pensaban depositarios del verdadero saber y del verdadero interés de la ciudad solo por la posición social o política que ocupaban”.

Entonces, en virtud del pensamiento crítico y en medio de la vorágine de la propaganda, conviene que seamos desconfiados en al menos tres elementos. Primero, no admitamos verdades absolutas, hay viejos y nuevos dogmas. Segundo, las pasiones, la persuasión es psicológica, la exaltación de las emociones no es más que un recurso, sospechemos de las manifestaciones de amor u odio visceral. Tercero, identifiquemos y reprochemos las falacias, las frases sin sentido. Por ejemplo, he consultado a varios candidatos, a alcaldes y diputados, sobre los costos de sus campañas y sus respuestas más comunes son que su principal inversión es su voluntad, que nunca les han faltado buenos y desinteresados amigos (¡claro! porque la producción y publicación de materiales se paga así, con voluntad. Y por supuesto, a nadie le debería avergonzar decir que un amigo desinteresado, noble, y anónimo invierte en su campaña). ¿Qué intereses están detrás de las millonarias inversiones que financian las campañas electorales en nuestro país? A tres diputados, candidatos a la reelección, les he preguntado sobre la desigualdad que representa el bono que recibieron al finalizar 2014 y que según su cargo fue de entre 2,300 a 3,200 dólares, en un país donde el salario mínimo es 118 dólares en el sector agrícola y 250 dólares en el sector comercio y servicios. A dos les entendí poco, sus premisas confusas formaron un laberinto sin sentido. El tercero me contestó que recibiendo o no el bono no se cambiará la situación de desigualdad en el país. (Bien, en este punto ya ni la ironía es necesaria).

La decepción no es una opción, abstenerse de votar tampoco lo es. Nuestra decisión en las urnas, aunque limitada, tiene la capacidad de moldear las ofertas de los partidos políticos. Asumamos una postura diferenciada, celebremos la duda, repensemos, sospechemos, declarémonos inconformes, exijamos dignidad en las acciones de los líderes de los partidos políticos, coherencia y constancia a los servidores públicos. No nos resignemos, no puede ser. La exigencia es clara: más pensadores críticos y menos adeptos.

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