Retórica versus resultados

La historia contemporánea salvadoreña está llena de enseñanzas. Numerosos jóvenes en el siglo XX participaron en movimientos sociales y políticos.
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 Ahora, muchos de esos jóvenes son adultos mayores y tienen valiosas lecciones que compartir. Ejemplos: (1) la retórica de los estatistas de los años setenta era que al derrotar a la dictadura capitalista y alcanzar el poder público, se solucionarían los problemas del país; (2) la retórica de los neoliberales de los años noventa era que “don mercado” haría crecer la economía y sus beneficios le llegarían a toda la gente (rebalse); (3) la retórica de los neoestatistas del siglo XXI es que la transformación estructural permitirá el disfrute de la vida y la convivencia armoniosa.

Hoy, la realidad permite corroborar cuatro hechos: (1) el resentimiento y odio social son nocivos y causantes de intolerancia, (2) la ciudadanía sigue excluida de la toma de decisiones, (3) miles de jóvenes continúan expresándose violentamente, la diferencia es que en el siglo XX lo hicieron políticamente y en el siglo XXI lo hacen delincuencialmente, (4) la sociedad civil contribuye cada día más en sacar adelante al país.

Actualmente y luego de transitar de la violencia política a la violencia delincuencial, la ciudadanía ha aprendido que la retórica no ha tenido los resultados esperados. En este sentido, a continuación se presentan cinco puntos para alejarse del autoritarismo y acercarse a la democracia.

Punto 1. Comprender lo que significa vivir en un país sin futuro. La sociedad salvadoreña está secuestrada, por una parte, por los dirigentes partidarios que controlan el aparato estatal e impiden la localización, y por otra, por las bandas delincuenciales que controlan territorios cometiendo delitos graves. Una opción democrática para darle futuro al país es creando un nuevo balance de poder. ¿Cómo? Vía la ciudadanización.

Punto 2. Destacar que “papá gobierno” no les solucionará los problemas a los salvadoreños. Los defensores del statu quo y sus estrategias están siendo amenazados por la presión internacional en contra de la corrupción, impunidad y criminalidad. Por ello, la sociedad civil tiene una oportunidad histórica para incidir constructivamente

Punto 3. Convertir a la sociedad civil en un pilar institucional para el balance del poder. El punto es que la solución del país depende –en gran medida– de que la ciudadanía se organice, participe y luche por tener un peso específico y una voz propia frente al poder político (Estado) y al poder económico (mercado).

Punto 4. Apoyar el diálogo y entendimiento entre Estado, sociedad y mercado. La acción ciudadana puede persuadir a los poderes político y económico, para que las intervenciones policíaco-militares no superen a las acciones de cohesión social.

Punto 5. Abordar las causas determinantes de la violencia delincuencial. La clave está en que la inteligencia y fuerza pública derroten la “economía criminal” y abandonen el afán de recuperar el control territorial predominantemente por la vía militar.

Conclusión: es hora de cambiar la retórica ideológica por el empoderamiento ciudadano. La vía es fortalecer el rol de la sociedad civil en defensa de sus derechos e intereses. Es una tarea, entonces, que requiere de solidaridad y cooperación nacional e internacional. De lo contrario, se corre el riesgo de que los poderes político y económico corrompan a las organizaciones y movimientos de la sociedad civil.

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  • estatistas
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