Revivamos el ferrocarril

El ferrocarril, un medio de transporte eficiente del pasado que movilizó enormes volúmenes de carga y pasajeros, tuvo su apogeo de la mitad del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.
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Además de su bajo costo, el recorrido entre estaciones significaba comercio local y distracción entre los usuarios. Se considera que el ferrocarril en El Salvador se inició en 1882, con el tramo puerto de Acajutla-Sonsonate. Luego en el periodo 1882-1894 lo hizo la vía Sonsonate-Sitio del Niño-Santa Ana-San Salvador. Luego se agregaron más ramales.

Su funcionamiento fue posible con la inversión de capital inglés y norteamericano. A finales de la década de los sesenta entró en decadencia por el crecimiento de la red vial, paralela a la ferroviaria y el desinterés de los empresarios por hacer mejoras y proporcionar un buen mantenimiento. Existió un medio alterno, la bala de plata, de tamaño pequeño y de mayor costo por su rapidez.

Por incumplimiento de las dos empresas servidoras, The Salvador Railways Company e International Railways of Central America (IRCA), el Gobierno las intervino, constituyéndose FENADESAL (Ferrocarriles Nacionales de El Salvador), pero la maquinaria estaba ruinosa. Aunque tuvo una leve recuperación (1976-1980), a partir de 1980 la guerrilla la convirtió en objetivo de su agresión y ocasionó el cierre de operaciones.

Como evidencia de un medio de transporte que se niega a morir, FENADESAL –ahora dependencia de CEPA– ante problemas del transporte metropolitano retomó en octubre de 2007 el servicio del tren entre la capital y Apopa. Lamentablemente, en agosto del año pasado dejó de correr. Con ello fueron despedidos maquinistas, mecánicos y vigilantes. Las autoridades de la institución solo dijeron que el servicio en el futuro sería diferente.

Años atrás surgió la idea de un financiamiento para tal fin con la inversión de certificados de pensiones. En la reactivación del ferrocarril tendría que incluirse el problema de los asentamientos ilegales próximos a las vías (casi 20,000 familias).

Otro aspecto que revolotea en nuestra mente es la injerencia que debe tener SECULTURA en la protección de los bienes ferroviarios –olvidados como chatarra– considerando su valor histórico y económico.

Tomando en cuenta que el ferrocarril ha sido un transporte seguro, económico, menos contaminante, muchos países lo mantienen, pero con maquinaria moderna y ante la escasez de fondos para financiarlo reciben ayuda internacional, tal el caso de Costa Rica, en donde España ha prometido la participación de empresas de esta nacionalidad en el sistema ferroviario. El convenio fue firmado por la presidenta de esa nación centroamericana, Laura Chinchilla, y la ministra española de Fomento, Ana Pastor, y comprenderá el gran Área Metropolitana.

El Salvador, ante la crisis económica que atraviesa, tiene como opción factible gestionar financiamiento de gobiernos asiáticos y europeos que tradicionalmente lo han apoyado. Como la inversión es grande, podría iniciarse el proyecto con un ramal de naturaleza turística que comprendiese como destinos lugares atractivos del occidente de la República: Sonsonate, Juayúa, Izalco, Salcoatitán, etcétera, en donde la gastronomía, las artesanías y las bellezas naturales atraen, actualmente, a miles de visitantes. Consideramos el proyecto de revivir el ferrocarril, con su vaivén nostálgico, un positivo aporte a la economía y al turismo nacional.

Tags:

  • comercio local
  • funcionamiento
  • decadencia

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