Revolución y evolución

Son dos conceptos que podemos aplicar en diferentes momentos de las últimas cuatro décadas del desarrollo de la vida política nacional salvadoreña.
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El primero, durante 1970-1980 y 1980-1992, cuando vivimos momentos de intensa violencia política y social. Podemos ver que: “…llámase revolución, en el campo político, a la transformación profunda, violenta, acelerada e irreversible de la organización estatal, que subvierte totalmente la estructura social”.

El segundo, durante las décadas 1990-2000 y 2000-2013. Después de la firma de los Acuerdos de Paz. Evolución es: “En el sentido político de la expresión, el desarrollo y la transformación graduales, pacíficos y programados de una sociedad, en contraste con el cambio revolucionario”. Ambos conceptos tomados de la Enciclopedia de la política, de Rodrigo Borja, Fondo de Cultura Económica, México 1996.

Muchos vivimos una situación revolucionaria, tanto a nivel personal como nacional. Luchamos con las armas en la mano en pos de un ideal de cambio radical o revolucionario. Militamos con dichas ideas de manera consecuente mientras creíamos que eran válidas históricamente. Y dejamos de creer en ellas cuando las circunstancias cambiaron poco a poco a partir de enero de 1992. Con las transformaciones graduales que nos llevaron en el campo político hasta la alternabilidad en el Gobierno.

Todos hemos cambiado nuestros conceptos políticos y los cambios nos han llegado por la vía de la evolución. Muchos que siguen militando en el FMLN ahora son parte del gobierno y llegaron a él no por la vía armada, sino por la electoral. Otros han renegado de su pasado guerrillero y ahora militan con las ideas conservadoras. Y muchos otros asumimos como propias las ideas de una izquierda moderada o democrática.

Desde el frente de guerra era difícil imaginar que los guerrilleros participarían en elecciones. Luego, transformando el espectro político desde su primera participación, el FMLN se convirtió en la segunda fuerza electoral. Y durante cuatro elecciones nos acostumbramos a dos partidos fuertes en contienda hasta que llegamos a la alternabilidad. Y ahora, rompiendo de nuevo con la lógica electoral, hemos evolucionado políticamente a un nuevo panorama electoral y vemos en contienda a tres opciones políticas fuertes.

Hablando de la evolución política nacional, el nicaragüense Arturo J. Cruz, en un ensayo sobre escenarios políticos en El Salvador, plantea el contraste que existe entre la baja credibilidad de los partidos políticos y los altos números de apoyo popular de las personalidades de Elías Antonio Saca y el presidente Mauricio Funes. A pesar –según él– del pobre desempeño de la economía salvadoreña en los últimos años.

Según su análisis, después de los Acuerdos de Paz la estructura económica cambió y ahora la población es mayoritariamente urbana. El capital histórico oligárquico ha transferido sus empresas a intereses transnacionales. Surgiendo además una clase media aspiracional, nuevos grupos empresariales más modestos, más cercanos en sus raíces a los sectores medios. La gran mayoría de los salvadoreños aspira a tener las comodidades básicas, una casa y un carro, aunque sean modestos. Y concluye diciendo que, de alguna manera, en sus administraciones y su posición propia separada de los partidos políticos mayoritarios; tanto Saca como Funes están más cercanos a esa clase media aspiracional. Y que es por eso que mantienen los altos índices de apoyo popular.

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