Riesgo para 2015: posicionamiento de los musulmanes

Todo indica que los males, podríamos decir tradicionales, del país, se mantendrán durante el año que comienza: las dificultades económicas y la violencia delincuencial, contra las cuales no se barruntan soluciones, ni siquiera alivio.
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Aparte las dichas y otras ya conocidas, se nos podría venir encima una calamidad nueva: el fundamentalismo y radicalismo religiosos.

Un estudio de los organismos de seguridad norteamericanos prevé para 2015 un crecimiento del extremismo islámico en África, Medio Oriente y Asia, donde ya está causando dramáticos estragos. Se vislumbra una recaída de Afganistán en las garras del ultra radicalismo confesional, el cual provocó la invasión de Estados Unidos y sus aliados que lo derrotaron, sin poder erradicarlo de sus escondrijos, de donde resurgirá para inmensa desgracia del infortunado país centroasiático.

En general, el estudio contempla como principal factor de inestabilidad y crecimiento de las tragedias sociales la debilidad del Estado frente a los grupos de poder particulares, no los de siempre, sino nuevos, potentes, escurridizos y despiadados, como el tráfico de drogas, armas y personas.

El Salvador presenta síntomas de debilidad oficial contra fortalezas privadas, al grado que la voz más autorizada moralmente llegó a decir, o parecer decir, que el nuestro era un Estado fallido. Se le replicó que la situación a ese respecto es difícil, mas no desesperada, a lo que atemperó su afirmación. Pero conservó su valor como serio campanazo de alarma.

A los males político-sociales que conocemos y padecemos, podría agregarse, repito, el fundamentalismo doctrinal que sufrimos durante 300 años y del que nos liberamos en el siglo XIX, gracias a las revoluciones y constituciones liberales.

Después de estas, los católicos primero y todas las denominaciones cristianas después, aprendieron a ser tolerantes. Creen, obviamente, que su Dios es el único verdadero y su culto merecedor de máximo respeto; pero aceptan que otros puedan pensar igual de los suyos.

En cambio, fundamentalismo se denomina a la corriente religiosa o ideológica que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados o fundacionales (por encima de una exégesis contextual y evolutiva); o bien la aplicación intransigente de una doctrina o práctica establecida. Por lo que considera un determinado libro como autoridad máxima, ante la cual ninguna otra autoridad puede invocarse e, incluso, debería imponerse sobre las leyes de las sociedades democráticas.

Ninguna corriente cristiana encaja en ese concepto. Puede ser que promuevan la interpretación literal de la Biblia, pero no “la aplicación intransigente” de su doctrina o práctica, tanto menos su imposición sobre las leyes de una sociedad democrática.

En cambio a los musulmanes el fundamentalismo les es inherente. Están imposibilitados de respetar otro credo o divinidad distintos a los suyos. Por razones simplemente de supervivencia, en un ambiente ajeno u hostil, logran disimular sus convicciones inflexibles. Mas apenas toman el poder político, harán lo imposible por transformarlo en absoluto y deslegitimar, si lo estiman necesario reprimiéndolo brutalmente, criminalmente, cualquier disenso que se haga público. En algunos tiempos y países, los Estados musulmanes han soportado la presencia de grupos de religiones diversas, pero sin lo que se entiende por “libertad de cultos”.

Esta para nosotros es principio sagrado, obtenido con grandes luchas libertarias; cúspide en las cumbres de civilización que hemos escalado. No debemos, no podemos, permitir que al poder político acceda alguien que en el fondo del alma, aunque no lo diga, lo disimule muy bien, quisiera retrocedernos a las cavernas de una religión oficial, brutalmente, o sutilmente, impuesta desde arriba.

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