Riesgos que enfrenta la economía salvadoreña

Sin temor a equivocarme, de los riesgos que enfrenta nuestro país resultantes de la situación económica mundial, como una mayor desaceleración de China, la apreciación del dólar y el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales, hay riesgos cada vez más relevantes relacionados con la economía y la situación política que vivimos en El Salvador.
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El creciente nivel de endeudamiento, debido a déficits fiscales permanentes en una economía con bajo crecimiento es nuestro mayor riesgo, ya que los costos financieros se irán incrementando por el volumen creciente de deuda y por el incremento en el riesgo de incumplimiento en el pago de la misma. En el futuro próximo, con mercados internacionales cada vez menos anuentes a adquirir bonos de mercados emergentes, será difícil emitir deuda de países endeudados lo cual no solo podría disparar las tasas de interés, sino crear una situación muy grave para el Gobierno de El Salvador. Esto cobra especial interés en un país que tiene un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y bajos niveles de inversión extranjera directa, ya que para no perder reservas internacionales se requiere un constante endeudamiento externo.

Hay un riesgo persistente en los niveles de liquidez en general, y en particular del gobierno central, que se empeña en reducir los niveles de gasto en intereses, y en controlar el déficit manejando la caja en una forma demasiado ajustada, cualquier imprevisto pueden llegar a desencadenar una crisis fiscal.

Un producto interno bruto potencial demasiado bajo –es decir, una capacidad limitada de crecimiento– y una competitividad igualmente reducida aumentan las restricciones al avance de la economía, ya que se requiere más inversión y nuevas tecnologías para incrementarlos, y estas solo vendrán si hay confianza empresarial. Y aunque esto parece bastante obvio, no sabemos cuánta agua deberá pasar debajo del puente para que el Gobierno lo comprenda.

En lo político, a estas alturas todavía hay partidos que no aceptan la independencia de poderes y presionan desde el Ejecutivo y la Asamblea Legislativa a la Corte Suprema de Justicia e incluso a la Fiscalía. Esto podría llegar a generar una crisis institucional y mayor incertidumbre respecto al Estado de derecho. La viabilidad económica y la eficacia del Gobierno se ven limitadas, por la calidad de gestión en el sector público y por la falta de recursos fiscales.

Además está el tema de la delincuencia. Las maras han sobrepasado la capacidad del Estado para controlarlas, se necesitan más recursos y apoyo político para implementar una estrategia, que además requerirá de tiempo. Y a pesar del interés internacional de brindar ayuda a cambio de un mayor control de la corrupción, el Gobierno aún titubea, y el partido de gobierno aparece apoyando a funcionarios cuestionados por la misma Fiscalía. Mientras tanto los riesgos, tanto personales como para hacer negocios, son elevados.

Los niveles de consenso son bajos, hay problemas urgentes que resolver y la capacidad del Gobierno para lograr los acuerdos necesarios es muy limitada. Se requiere negociaciones serias en las que se discutan soluciones a los problemas que nos aquejan, y una gobernabilidad basada en entendimientos más allá de posiciones que solo persiguen aniquilar al adversario para tomar o mantener el poder en 2019.

Hay que aprovechar que todavía el país tiene posibilidades de salir adelante y evitar que lleguemos al punto en que las soluciones tengan costos muy elevados para todos.

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  • endeudamiento
  • incumplimiento
  • corrupcion
  • gobernabilidad

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