Riesgosa posición de Funes

El conflicto entre la Asamblea y la Sala de lo Constitucional se ha convertido en una de esas cuestiones en las que para tomar partido se necesita una intuición subjetiva previa, pues no se puede seguir una opinión o convencer al opuesto de que la adopte, aunque se esgriman los más sustanciosos argumentos.
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<br /><p>Por ejemplo la existencia de Dios. A quien no cree, es imposible cambiarle de criterio; así como al creyente no hay raciocinio que le demuestre lo contrario.</p><p>En mi largo compromiso con la reforma agraria, me di cuenta de que quien la consideraba posible y necesaria no mutaba de idea por mucho que se insistiera en lo opuesto; al igual que al enemigo de la misma, era inútil persuadirlo de su bondad.</p><p>Sin ir muy lejos, el profesante de una doctrina política no se adhiere a otra sin su espontánea, libre, voluntad.</p><p>En el susodicho desacuerdo, quienes sienten que las decisiones de la Asamblea son inconstitucionales, fácilmente encuentran asideros legales y doctrinarios. Los que no le ven ese pecado al Órgano Legislativo, a primera vista lo absuelven.</p><p>Como en toda colisión de mentalidades, la que se tenga depende del medio en que se habite. En mi caso, según mencioné en artículo pasado, los profesores de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Oriente a los que pregunté, con sorprendente unanimidad dijeron que los diputados que eligieron a los magistrados de la CSJ no violaron nuestra Carta Magna. Ese es un parecer común en San Miguel. Hace pocos días un selecto grupo de ciudadanos invitó a Mauricio Gutiérrez Castro, crítico enfático de la sala, a que los ilustrara sobre el tema. Confieso carecer de pruebas, pero pienso que igual apreciación abunda en oriente.</p><p>Decir, pues, que en contra de la elección de los parlamentarios está “el pueblo”, “la opinión pública”, “el país”, es una generalización sin bases firmes. En apoyo cerrado de la sala, llegando a insultar a quienes expresan valoraciones distintas, se alinean sectores de determinado pensamiento o ejercicio profesional.</p><p>De ellos se escucharon voces pidiendo a Funes mediar en el problema, en tono que más parecía querer culparlo de que las cosas no anduvieran por donde querían. Reconociendo implícitamente que los entrampamientos en la elección de magistrados se resuelven por acuerdos partidarios, no solo, aunque cuente, la trayectoria personal de los candidatos; ninguno de los cuales puede pensar que fue seleccionado solo por su condición de iluminado.</p><p>Era dubitable que el presidente aceptara terciar, en una disputa donde una de las partes empieza por proclamar que nada tiene que negociar; o cuando se insiste en tomar decisiones políticas, despreciando la política y los políticos.</p><p>Por eso, evadiendo el acorralamiento donde se deseaba reducirlo para que se inclinase “tout court” por la sala, propone aceptar el fallo, cualquiera que sea, de la Corte de Justicia Centroamericana.</p><p>Esta es una reivindicación del papel de los organismos internacionales que es fomentar la convivencia civilizada, solucionando las disputas, nacionales o internacionales, que la contradigan. Negarlo es tachar de contrario a nuestra soberanía la intervención de la OEA en la guerra con Honduras; o de Naciones Unidas en el conflicto bélico.</p><p>Posición riesgosa, porque se echará encima la furia de la incontinencia pro sala, aunque seguramente calculada para atraer simpatía de la mayoría silenciosa de las no sala y no Asamblea, sí diálogo y sí solución por consenso de no importa cuál contienda.</p><p>&nbsp;</p>

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