Rompamos las barreras de odio

Después de casi un cuarto de siglo de que se silenciaron las armas por razones de ideología, las barreras de odio continúan levantadas y la paz no ha podido llegar a nuestro querido El Salvador.
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Los dos principales partidos políticos, uno de la exguerrilla y otro de la derecha, continúan fomentando la división, el odio y la lucha de clases entre sus seguidores, resultando la polarización en la que ahora vive nuestro país.

Pero el problema real es que esa división en la que unos todavía usan términos como “arenazis” o “terengos”, “oligarcas” o “comunistas” solamente se ve en las masas que siguen a esos partidos y las repiten sin sentido muchos seguidores jóvenes que o eran muy niños o no habían nacido para el tiempo del conflicto, sin embargo las repiten con el mismo odio con que se utilizaban hace 30 años.

Muchos de los que fueron combatientes son ahora mayores y su preocupación es más la de sobrevivir en un país donde la pobreza sigue siendo un flagelo, y otros, conociendo los horrores de la guerra, prefieren buscar en paz las soluciones a los problemas, dejando atrás el odio visceral que muestran quienes continúan viviendo el pasado. Lo peor de esto es que tanto los antiguos dirigentes de la guerrilla, como los de derecha, ahora convertidos en políticos, allá en las alturas se manejan cruzando las copas de champaña en las reuniones políticas, dejando que sean las masas las que continúen con el divisionismo y el odio.

Si bien es cierto que hay diferencias entre ellos, las deberían de dirimir en la forma que la democracia se los permite, y no envenenando las mentes de sus seguidores, ya que lo único que esto trae es división entre el pueblo salvadoreño y que las barreras del odio sigan levantadas causando con esto una polarización que en nada conviene al país.

Es tiempo que los políticos se pongan de acuerdo y se pongan a trabajar a favor de la población que los ha elegido. Es tiempo que se busque un objetivo nacional hacia cual se encaminen todos los esfuerzos como nación, es tiempo que dejen de ser politiqueros, se conviertan en estadistas, y una vez que El Salvador haya salido adelante, puedan separadamente buscar sus propios objetivos partidarios.

La misión ahora debe de ser salvar el país de caer en lo que casi se ha convertido, un Estado fallido, situación que solo aquellos que tienen intereses mezquinos no quieren reconocer.

Los problemas de país son la pobreza, la educación, la salud, la criminalidad y la corrupción. En estos nos debemos de enfocar, estas deben de ser las prioridades a resolver y los poderes del Estado deben de enfocarse en resolverlos dejando los divisionismos y el odio atrás.

Como salvadoreños, todos, debemos de buscar la solución a estos problemas, y mientras permanezcamos divididos, polarizados y odiándonos entre nosotros, va a ser imposible lograrlo.

Seamos conscientes de esta situación, y por el bien de nuestros hijos y nietos, rompamos las barreras del odio y construyamos un país del que a futuro podamos sentirnos orgullosos.

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