Rosa del Desierto... flores lindas y espinas agudas

Gracias a Dios, sobrevivo, todavía soy jardinero, aprendiz de poeta –más de 100 “intentos” de poemas y prosas pergeñados en mis años de jubilado– y también opinador en prestigiosos medios de comunicación escritos en papel como este. (No soy apasionado de Twitter ni de FB).
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Estoy taloneando mis 88 agostos y tengo la esperanza, más bien la confianza en Dios, en que cuando ÉL ponga su mano sobre mi hombro y me diga: “Peregrino..., tu jornada aquí en la tierra ya está terminando”... este pequeño mortal contestará con una amplia sonrisa: una planta de la Rosa del Desierto, que es una de mis favoritas, en la mano, y tecleando en la computadora alguna idea de las que a veces alborotan mi mente: “Estoy preparado y he disfrutado todo lo que TÚ me has dado, mucho más de lo merecido: comenzando por mis modestos, luchadores y soñadores padres; por mi linda y virtuosa esposa –más de 52 años juntos–; por nuestros amorosos, esforzados y honestos hijos y nietos; toda la demás querida familia, los buenos amigos y suficiente de lo necesario”.

¡Gracias, Señor, por este nuevo día!... Y porque nos dices: “Bástale a cada día su propio afán”.

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