Rutas abiertas

Bertolt Brecht argumentaba que “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Este refrán coincide con lo que vive El Salvador y los tomadores de decisión parecieran no entenderlo. Lo cierto es que la sociedad salvadoreña está en plena transformación: (1) prevalece la desintegración familiar y crece el número de niños que se “educan” en la calle, (2) el sombrero ha sido reemplazado por la cachucha y las botas por los tenis, (3) el dólar sustituyó al colón, (4) exguerrilleros se convirtieron en gobernantes y ex funcionarios públicos están siendo procesados por corrupción, (5) la violencia política fue suplantada por la violencia delincuencial, y (6) miles de jóvenes han dejado de relacionar su proyecto de vida con el futuro de su país y desean emigrar

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Los tomadores de decisión han subestimado o ignorado los efectos de estos cambios. Esa falla se expresa en el discurso e ideas que promueven las principales fuerzas políticas: (1) los dirigentes que se aferran al pensamiento de la guerra fría y responsabilizan a los grandes empresarios y al imperialismo yanqui de todos los males que padece El Salvador, (2) los dirigentes que siguen negando la relación población-territorio y argumentando que la solución está en el binomio represión y crecimiento económico, y (3) los dirigentes que capitalizan la polarización ideológica y operan con base en la aritmética legislativa y en el reparto de cuotas partidarias.

En este contexto, aumenta el número de ciudadanos que están en contra del statu quo. Las redes sociales están muy activas. La clase media demanda un plan de país. Miles de connacionales están llenos de odio y rechazan las opciones político-empresariales. Numerosos coterráneos están desesperados y piden la aniquilación de los criminales. Consiguientemente, es oportuno identificar las rutas existentes y saber cuáles de ellas se acercan y alejan de la democracia.

Ruta 1. La participación y acción ciudadana hacen reaccionar a los dirigentes y partidos políticos. Se aplana el camino hacia el diálogo colaborativo y la cooperación pública-privada.

Ruta 2. La polarización y el “voto duro” definen los resultados electorales. Esta avenida refuerza el centralismo e intensifica la lucha partidaria por el control del aparato estatal.

Ruta 3. Los partidos políticos avanzan hacia la autodestrucción y propician el populismo. Se favorece el surgimiento de líderes negativos (caudillos) y se afianza el asistencialismo, clientelismo y nepotismo.

Ruta 4. La desesperación e inseguridad ciudadana conducen a la anarquía y luego al militarismo. Se allana el camino para que el país sea gobernado a través del caos y la fuerza.

Ruta 5. Los partidos políticos dan un salto de calidad y actúan responsablemente. Se viabiliza la democratización de los partidos políticos y la construcción de un plan de país.

Conclusión: un alto porcentaje de ciudadanos están decepcionados de los dirigentes partidarios y cansados de la retórica ideológica. Este sentir colectivo puede conducir a que la ciudadanía reaccione y se manifieste públicamente. En tal sentido y dado que es utópico pensar que los cambios van a venir de quienes ostentan el poder público, la movilización ciudadana puede incidir en los resultados electorales de 2018 y 2019. Es decir, los gobernados deberían levantar su voz constructivamente para ser escuchados por sus futuros gobernantes.

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