Salarrué en «PATRIA»

Este libro nos inspira a renovar la esperanza y el compromiso con nuestra PATRIA.
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Una década duró «PATRIA», el periódico que fundó y dirigió dos años Alberto Masferrer, y siete mi abuelo, Alberto Guerra Trigueros, con su entrañable amigo, jefe de redacción y principal colaborador, Salvador Salazar Arrué, Salarrué. Esta tarde, a las 5:45, la Secretaría de Cultura de la Presidencia presenta en el Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA), el libro “Salarrué en «PATRIA»” del investigador Guillermo Cuéllar-Barandiarán, que tendré el honor de comentar. Este libro sobre Salarrué y uno de los medios de comunicación social que más patria hizo durante la prolongada dictadura del siglo XX nos inspira a renovar la esperanza y el compromiso con nuestra PATRIA, ensangrentada, confrontada y dividida por tercera vez menos de un siglo después.

El 27 de abril de 1928 nació «PATRIA» bajo la dirección editorial de Alberto Masferrer, colaborando desde sus inicios Guerra Trigueros y Salarrué a quienes inspiró el maestro impulsor de su emancipador proyecto vitalista. Allí publicó su “Mínimum Vital” y otros escritos de alto contenido social y revolucionario para su época. Dos años mas tarde, al radicalizar su posición política e intensificar su actividad proselitista, Masferrer dejó la dirección editorial y luego el periódico mismo, respaldando la fórmula presidencial liderada por Arturo Araujo que ganó las elecciones en 1931, siendo derrocado nueve meses después por su vicepresidente y ministro de Defensa, el general Maximiliano Hernández Martínez. Masferrer, asesor e ideólogo del presidente laborista, sale al exilio, regresando para morir en 1932, pocos meses después de la gran matanza que el historiador Thomas Anderson estimó en 30 mil asesinados.

En este contexto de matanza y férrea dictadura que se prolongaría hasta 1944, Guerra Trigueros compra y dirige «PATRIA» para continuar el legado de Masferrer, enfrentando la dictadura con su periódico y pluma, con Salarrué y los mejores intelectuales y artistas de la época. Las planas de «PATRIA», afirma el autor, “se rellenaron entonces con las plumas de talentos literarios, quienes se entendieron a sí mismos, no como periodistas, mucho menos como redactores, sino como autores, como creadores intelectuales, ejerciendo una labor escribiente de tipo denso, asumiéndola ardorosamente como su misión orientadora y cultural”.

Así lo confirma el propio Salarrué al afirmar que “«PATRIA» continuó, por un extraño sino, en manos de escritores que no han pensado nunca en ganarse la vida utilizando sus columnas, sino que han sostenido esas posiciones para luchar con sinceridad y esperanza por el mejoramiento de todos los salvadoreños»... PATRIA nació en esa hora del alba y su rayo explorador que bien puede ser el haz primero del sol naciente. Como la flecha de oro de Sagitario salió en el alba de la primavera, marcando el alba de una nueva era de espiritualidad cuscatleca, fundada en el alba por un Alberto y sostenido después por otro Alberto, grandes Albertos los dos, grandes signos del albor de un nuevo día histórico”.

Ni Guerra Trigueros ni Salarrué pertenecieron a partido alguno. Respondiendo a la invitación de Masferrer de integrarse al suyo, Salarrué le contestó: “...Me resisto a formar parte del Partido Vitalista. Comprendo la trascendencia de tal organización, pero entiendo la doctrina como tal, porque doctrina es amplitud y partido es restricción... ayudaré al movimiento vitalista en lo que pueda, dentro de mi propio círculo de vida y entendimiento... reservándome el derecho de estar al margen de todo lo que sea reglamentación, canon o condición; mi calidad de artista me da tal derecho... Nosotros no fuimos ni seremos «Mínimum vitalistas» porque... aunque el postulado era bueno nos venía estrecho porque siempre hemos sido antigregarios, hemos estado alejados de todo lo que huele a partido y porque el Mínimum Vital contradecía nuestra idea de que el problema está en el individuo y no en las masas. No sabemos de dónde han sacado algunos malquerientes que somos comunistas. Nosotros declinamos el honor, no por miedo sino por una sencillísima razón, por incompatibilidad de los ideales comunistas con los nuestros que son de pacifismo y absoluta no violencia. Como el de Gandhi, nuestro pacifismo es un pacifismo militante”.

No obstante, a un año de su asesinato, Salarrué le rindió homenaje a Agustín Farabundo Martí: “Queremos dedicar a su memoria estas breves líneas; primero, porque fue nuestro amigo y varias veces estuvimos a solas conversando sobre las cosas del espíritu, cosas que han movido nuestras naves, cada una por su ruta; y segundo porque Martí, por su calidad de hombre de ideal, de renunciador, de héroe, se merece la admiración de todo hombre sano, no por sus ideas sino por su entereza e inegoísmo para sostenerlas...”.

Y fue en PATRIA donde Salarrué publicó primero sus Cuentos de Cipotes y sus Cuentos de Barro, que desde siempre leímos los salvadoreños. Nacimos oyendo hablar de él, y desde pequeño lo conocí con mi abuela y mi madre. Mi tía Dora Guerra, que tanto lo trató y quiso, hizo el magnífico prólogo de este libro de Guillermo Cuéllar donde yo aprendí, mas que de nadie, tanto de Salarrué como de PATRIA, el periódico de Masferrer y de mi abuelo, Alberto Guerra Trigueros. De él heredé el nombre, y guardando las distancias con uno de los ciudadanos centroamericanos de mayor cultura de su época, talvez heredé este desafío de pensar y escribir, y el irrenunciable compromiso con la PATRIA, que hoy, nuevamente, debemos todos renovar.

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