Lo más visto

Más de Opinión

Salarrué entre líneas

La dedicatoria que Salarrué pone al frente de su novela “El Señor de la Burbuja”, publicada por primera vez en 1927, cuando el autor tenía apenas 28 años, dice así: “MADRE: a ti dedico esta narración de la vida intensa de don Javier Rodríguez, “El Señor de la Burbuja”.
Enlace copiado
Enlace copiado
 Una ORUGA, una MARIPOSA, una LLAMA…” Salarrué era a la vez silencioso y elocuente, entero y etéreo, sencillo y trascendental, áureo y transparente. Tantos años después de su partida de este plano en 1975, y más aún de los que han transcurrido desde que tuve el privilegio espiritual de gozar de su amistad generosa desde allá por 1968, a mí no me cabe la menor duda de que Salarrué fue eso mismo que él menciona en la dedicatoria aludida: una oruga, una mariposa, una llama. La oruga representa su conciencia indestructible; la mariposa, su imaginación sin descanso; la llama, su inspiración más viva que el tiempo. Al recordar a Salarrué, allá en los atardeceres de su serena casa en la cumbre, la sensación que me envuelve y me embarga es el silencio. Salarrué, maestro del silencio convertido en mensaje, en fuente de mensajes.

Lee también

Comentarios