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Saludemos la patria

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Sandra de Barraza - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Orgullosos de hijos suyos podernos llamar.

197 años de independencia estaremos conmemorando el día de mañana. Y en 2021 estaremos conmemorando los 200 años. Para entonces, tendremos un nuevo inquilino presidiendo el Órgano Ejecutivo y desde ahora debemos conocer qué nos ofrecen para el tercer siglo de vida patria.

Orgullosos de llamarnos hijos e hijas de El Salvador. Es profunda y desafiante esta afirmación. Lo primero tiene que ver con las raíces, con lo que somos, con lo que tenemos, con lo que cuidamos y con lo que nos rodea. El orgullo viene de reconocer que somos diferentes, que somos particulares. Y qué mejor contenido que el descrito en la Oración a la Bandera, esa oración que muchas veces se repite mecánicamente sin reflexionar cada una de sus palabras.

Desafiante porque en 200 años hemos ido perdiendo ese profundo sentimiento de orgullo. ¿Orgullo? Es un sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades y méritos propios; es reflejo de amor propio y de autoestima, dice el diccionario de la Real Academia Española.

¡Qué falta hace generalizar este sentimiento! Necesitamos una dosis muy grande de amor propio y autoestima. En el camino estamos olvidando nuestros logros, nuestras capacidades y nuestros méritos.

El Salvador tiene muchas fuentes de satisfacción. Hay 200 años de historia política, pero en los últimos 28 se han sentado bases para relacionarnos en democracia. Tenemos partidos políticos que han sobrevivido discusiones, irresponsabilidades, indiferencias, diferencias, exclusiones, negaciones y mucho, mucho más. Pero allí están y funcionan. ¿Pueden hacer más? Deben hacer más, deben hacer mucho más para asumir efectiva y confiablemente la atribución y privilegio de representar los intereses de todos en el gobierno.

Deben hacerlo. Ojalá que los liderazgos partidarios lo reconozcan porque esto es fortaleza con relación a los vecinos, en donde los partidos políticos duran el tiempo de campaña o el periodo electoral. La irresponsabilidad en la elección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia va a pasar factura; los privilegios y los conflictos de interés pasan factura; la falta de cultura política y de inteligencia emocional pasan factura.

Fuentes de satisfacción en otras y más variadas disciplinas hay y son muchas. En ciencias, en literatura, en pintura, en educación, en deporte, en empresas de todo tamaño, hay muchas causas de orgullo y satisfacción. Y no se aprovechan porque el sistema educativo está dejando de asumir el papel que le corresponde política, social y productivamente.

La escuela ha dejado de asumir eficazmente su responsabilidad. Estamos olvidando que es en la escuela en la que se educa en el respeto a los derechos y las libertades para la convivencia plural. Es en la escuela donde se fomenta la tolerancia, se desarrollan competencias para decidir y producir creativamente y se construyen los espacios para el desarrollo integral y la autorrealización.

La escuela ha dejado de enorgullecernos. Y con esto nuestra sociedad está perdiendo sus fuentes de identidad para el orgullo y la satisfacción colectiva. Se nos está olvidando enseñar y vivir el contenido del himno nacional: el ánimo, el trabajo, la paz, la felicidad, la libertad, el heroísmo, el esfuerzo, la abnegación, el prestigio, el respeto y la tenacidad. Desde 1879 entonamos esto una y otra vez.

A 197 años de independencia, hay que recuperar el compromiso de fortalecer y aprovechar las características del pueblo salvadoreño descritas en las 3 estrofas del himno nacional.

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