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Saludemos la patria...

Estamos a cinco años de llegar a 200 años de aquel movimiento cívico/político que hizo nacer nuestra patria El Salvador. Y a 60 meses, es conveniente preguntarnos ¿cómo queremos estar para entonces?
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¡Orgullosos! Es decir, “con estimación propia, con arrogancia y con gallardo!” Estamos en el cumpleaños 195 de nuestra patria, esa patria que emergió después de intentos fallidos, que surgió de la perseverancia y del orgullo; surgió de la decisión y la acción de ciudadanos que en aquella época le apostaron a construir con país, libre, soberano e independiente.

Fue un movimiento cívico, con apuestas políticas claras y con visión de futuro; un movimiento que seguramente entusiasmó a muchos aunque históricamente sean pocos los que están en la lista histórica.

¿De qué tenemos para enorgullecernos? La pregunta hay que hacerla y obligarnos a dar respuesta. Y lo afirmo porque con pena he leído una mofa a la Oración a la Bandera suscrita con nombre y apellido. Leerla indigna y obliga a preguntar ¿qué hacen los que así piensan y escriben en este país? Y ¿qué hacen para transformarlo? Los que así piensan, actúan peor y destruyen el país.

Tenemos mucho de qué enorgullecernos. Espejos de agua... muchos contaminados por acción humana y por omisión gubernamental. Tres lagos que son joyas naturales. Ilopango, que surge de una erupción del “cerro del elote”. El cerro se hundió y surgió el lago, y eso fue hace más de 1,500 años. Y dicen que la erupción fue de tal magnitud, que hubo cambio climático. Es el lago natural más grande del país, tiene 72 km².

Tenemos de qué enorgullecernos. El complejo de Güija, ese lago de 45 km² compartido con Guatemala. Tiene aún una vegetación abundante y diversa. En diciembre de 2010 fue declarado Sitio Ramsar debido a su “riqueza biológica y a que sirve de refugio a numerosas aves acuáticas migratorias estacionales”. Allí se tiene un registro de 59,000 o más aves acuáticas.

Tenemos de qué enorgullecernos. El lago de Coatepeque, también de origen volcánico, surge del Cerro Las Culebras. Recientemente ha circulado información sobre su estado. Cambia de color ¿por contaminación? Dicen que allí, como en otras partes del país, todos usan y abusan del recurso. Y esto con la indiferencia de las autoridades responsables, que se limitan a reaccionar y luego... poco o nada.

Y en espejos de agua, que son joyas naturales, también tenemos que enorgullecernos de lagunas. La laguna de Olomega de 24 km², alimentada y drenada por el río Grande de San Miguel. La laguna El Jocotal de 0.5 km², declarada en 1983 “el Santuario de las Aves”, y primer sitio Ramsar en 1996. Y la laguna de Alegría, de 0.2 km², al centro del volcán de Tecapa, que por algo fue llamada la “Esmeralda de las Américas” por la poeta Gabriela Mistral. ¿Que no hay de qué enorgullecernos?

Allí tenemos ejemplo de joyas naturales que han sobrevivido por cientos de años a unos y otros, independiente de la ideología y la simpatía partidaria. Hay mucho más de qué enorgullecernos en este nuestro país, pero el orgullo depende de la valoración y la actitud humana, de la percepción, la acción y la decisión de la gente que habita en estos 20 mil km² y más allá.

Estamos a cinco años de llegar a 200 años de aquel movimiento cívico/político que hizo nacer nuestra patria El Salvador. Y a 60 meses, es conveniente preguntarnos ¿cómo queremos estar para entonces? Las respuestas son y serán variadas, complejas y diversas. Y ojalá se respondieran públicamente para visualizar el país que se quiere construir y se perfilen las acciones y compromisos que deben asumirse.

Aquellos que están procreando y criando hijos, seguramente responderán: “quiero estar bien, con trabajo, con ingresos para cubrir mis necesidades y aspiraciones, con sueños avanzando, con hijos sanos y con oportunidades de desarrollo”. Los que arriesgando sus ahorros en iniciativas productivas, seguramente responderán: “quiero ver multiplicada la inversión, con buenos productos y servicios, con mercados en crecimiento y con perspectivas en los mercados internacionales”.

Estamos a 200 años de la independencia y el ambiente político parece sumido en un debate sin sentido, alejado de los intereses de ciudadanos. A 200 años de la independencia, no tenemos apuestas claras y compartidas para el desarrollo. Y a 200 años nos ponemos excusas para no asumir la tarea. Los que están gobernando ¿representarán los intereses del pueblo? ¿Tendrán credibilidad? Como vamos se corre el riesgo de tener joyas y no disfrutarlas.

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  • patria
  • orgullo
  • identidad
  • cívica
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