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¡Salvadoreños, vamos a votar!

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Sherman Calvo / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Si no me gusta ningún candidato, no me parece el sistema político del país y mi voto es solo uno, no va a cambiar nada, ¿por qué debería votar? El próximo domingo son las elecciones y muchos ya se habrán hecho esa pregunta y decidido a no participar. Pero si lograran entender cómo opera realmente la política y por qué los gobernantes prefieren tener la base de votantes más pequeña posible, y cómo eso va directamente en contra de nuestro propio interés como ciudadanos, probablemente irían corriendo a la urna de votación.

No ir a votar (abstenerse o anular el voto) es un error estratégico grave, que no solo es darle a los políticos que usted desprecia precisamente lo que quieren, sino que es la mejor forma de asegurarse de que todas sus políticas le perjudiquen o, al menos, que ignoren por completo sus necesidades. No solo debemos votar a como dé lugar, sino que incluso debemos “cacarear” el voto y organizarnos con otros para que voten.

Estas son las elecciones de su municipio, de sus representantes en la Asamblea Legislativa. Usted, mejor que nadie, conoce las necesidades del lugar en el que vive y a los candidatos, que seguramente son sus vecinos. Como lo dijo el presidente del TSE de Costa Rica: “Si elegimos a gente capaz y honesta, podemos aspirar a municipalidades más eficaces, mayor seguridad en el barrio, mejores calles y más parques”. El buen gobierno municipal es muy importante, sobre todo ahora que hay comunidades tan afectadas por tanto deterioro e inseguridad.

La experiencia demuestra que las municipalidades son diferentes en la calidad de su gestión. Por eso, de nuestros votos depende agravar o resolver los problemas que enfrentan nuestros municipios. Por otro lado, si dejamos que otros elijan por nosotros a los diputados que nos han de representar, luego no podremos quejarnos de no tener leyes orientadas a buscar el bien común.

Que quede claro: una decisión electoral acertada traerá progreso y bienestar. Una decisión equivocada (y la peor de todas es no votar) podría empeorar las cosas. Hay cientos de candidatos propuestos. El menú es amplio y, en sus virtudes y defectos, está el auténtico reto del voto consciente. Hay suficientes opciones para que, con nuestro voto, apoyemos lo que se puede hacer mejor y corregir lo que se esté haciendo mal.

¿Qué tiene que ver todo esto con mi voto? En caso que no sea obvio a estas alturas, lo que todo esto quiere decir es que no hay mejor garantía de que el gobernante de turno se desentenderá de usted y sus problemas, que avisar abiertamente que usted y su grupo no irán a votar. De modo que no solo debería votar, debería agrupar a otros votantes que tengan necesidades e ideales como los suyos (su comunidad, sus vecinos, sus amigos, su congregación religiosa, lo que sea) y gritar abiertamente que usted y los suyos darán su voto al partido, al candidato o a los candidatos de su preferencia. Y que lo seguirá haciendo en las siguientes elecciones, como las presidenciales de 2019.

A diferencia de como ocurre en las dictaduras, con el voto libre se nos toma en cuenta y se confía en nosotros. Se nos toma en serio, nuestra opinión pesa y se nos responsabiliza de nuestro futuro. Se nos empodera como ciudadanos capaces de saber cómo estamos y qué necesitamos. Sin duda, votando damos el mejor ejemplo a las nuevas generaciones.

¡Salvadoreños, vamos a votar! Apostemos por El Salvador. Demos vida a la democracia. En vez de sumar problemas y quejas de lo que está mal, de lo que no funciona, seamos más los que queremos soluciones. Con decisión y valor, construyamos un futuro mejor. ¿Habrá alguna excusa buena para no hacerlo? Cuando votas no solo entregas poder, adquieres poder tú. ¡Vota!

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