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Salvadores del mundo

Dicen que la juventud es intrépida y valiente y estaría perfecta, solo que falta un mayúsculo detalle: la experiencia, y ocurre una vez se pasan las páginas en el calendario junto con las caídas y los levantones, las lágrimas y las más adversas emociones. En mis vacaciones procuraba visitar destinos cercanos a mi país para poder ver, con mis propios ojos, algunos destinos que solo había visto en las pantallas brillantes del computador o en las páginas llenas de barniz de las revistas.
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Por Josué A. PeñaCoautor de El País que Viene

Por Josué A. PeñaCoautor de El País que Viene

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El tiempo que duró mi travesía me había cambiado, yo ya no era el mismo, había desarrollado un amor sincero por ser latinoamericano. Mis ojos habían visto maravillas de la naturaleza y, junto con la cámara y el papel, había mezclado ambas cosas y creado un género literario que hasta entonces nadie había acuñado.

Lo llamé “Foesía”: La mezcla que sale de unir las fotos con los sentimientos escritos. Terminé mi viaje y continué con el plan de buscar mis sueños en las tierras del norte. Después de algún tiempo, decidí volver y estar con los míos, sentí que mi familia me necesitaba más cerca que lejos de ellos, aun cuando esto significara sufrir o gozar, dependiendo de los resultados de las acciones.

Ahora, si me preguntan ¿cuál cree que es la tierra de las oportunidades? Les respondería, sin dudar: donde sea que estén. Porque en cada situación, por difícil o adversa que parezca, siempre es una oportunidad y no necesariamente las oportunidades están relacionadas con lo monetario, las más valiosas son las de aprendizaje.

Nunca tendremos todas las condiciones ideales para emprender un proyecto o alcanzar un sueño, siempre estarán las voces de los críticos listos para paralizarnos, siempre habrá escepticismos en nuestros círculos cerrados, pero sin importar nuestro origen o circunstancia, todos nosotros podemos crear ya sea con las teclas de un piano, la rima de un poema, el degradado de colores, la armonía en el baile.

El mundo cambia con una agilidad más versátil que la de una balletista o un atleta de alto rendimiento, por lo que en 20 años nos lamentaremos de no haber empezado antes. El país que viene lo estamos creando hoy y no podemos, no es posible que nos sentemos a esperar a que la situación cambie.

Spencer W. Kimball (1895-1985), presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dijo: “No es posible que los problemas de este mundo sean resueltos por escépticos o pesimistas cuyos horizontes están guiados por las obvias realidades, necesitamos hombres y mujeres diferentes, que piensen en cosas que nunca se hayan pensado y que sueñen en cosas que nunca se hayan soñado y se hagan la simple pregunta: ¿por qué no?”

Mis queridos hermanos salvadoreños, somos hijos del ser más creativo del universo y nuestra naturaleza tiene un potencial eterno, más allá de la ciudadanía, más allá del pensamiento, más allá del dinero, la fuerza que mueve el mundo está en nuestras decisiones y acciones.

No permitamos que otros decidan por nosotros, es hora de ser protagonistas. Es hora de ser generadores de trabajo. Salvadores del mundo, termino mi artículo con la conmovedora frase del juramento a la bandera: “Que la patria os premie, o si no que os lo demande”.

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